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Archivo mensual: enero 2010

Haití: Menos que nada.

Pablo Jato

Resulta que Haití está ayudando a los bancos españoles. En plena crisis, los bancos de España, actual presidencia de Europa, están cobrando comisiones que llegan en algunos casos al 70% por cada donativo que se ingresa en la cuenta solidaria creada para la ayuda a Haití. Si donas 10 euros, algunos bancos están cobrando hasta 7 euros por la operación.

Si en la cuenta hay recaudados cerca de 2 millones de euros, quiere decir que los bancos han ganado aproximadamente un millón en comisiones. Dinero ganado con la muerte de miles de personas, con el hambre, la desgracia y el sufrimiento. Nunca antes la banca española había sido tan mezquina. Ha traspasado todos los límites, y se pavonea delante nuestro como si no hubieran hecho nada.

El Banco Santander dice que las devolverá a quien las reclame. ¿Han reclamado alguna vez una comisión a un banco? La banca se defiende, trata de limpiar su imagen de agiotistas sin escrúpulos diciendo que ha sido un “error informático” sin importancia y que más adelante devolverán las comisiones… ¿Más adelante? Si los bancos españoles no son capaces de organizarse y unirse en esto, ¿cómo pretenden organizar Haití?

Se supone que hay un convenio para que este tipo de cuentas bancarias solidarias no tengan esta tara, pero no se hace efectivo, y ya sabemos por qué.

Las palabras bonitas nunca van acompañadas por hechos. Me pregunto qué hubiera pasado si estas comisiones no hubiesen trascendido a la prensa.

Estamos viviendo el campeonato mundial de “a ver quién cae más bajo” entre políticos, instituciones, organizaciones… y esto de los bancos tiene pinta de aspirar al primer premio. Está claro que ningún haitiano va a presentar reclamación.

La gente desconfía y cada día es más reacia a dar dinero a las supuestas causas humanitarias, cansada de los fraudes que salpican a las Ong´s, Este tipo de noticias hará que muchos ya no donen ni un euro. Las dudas son claras: ¿Quién controla ese dinero? ¿Dónde va? ¿Cómo se usa? ¿Reparten el efectivo entre la gente? ¿Contratan empresas? ¿Quién lo administra? No se sabe; nunca se sabe y esa sombra oscura retrae toda buena intención.

Es duro ver que los donativos españoles en la cuenta no llegan a dos millones de euros, cuando el gobierno se va a gastar 19 millones solo en la seguridad de la absurda reunión entre Obama y Zapatero, actual presidente de la Unión Europea. No se sabe cuánto gastarán en banquetes. Para eso sí hay organización, si hay coordinación, para eso sí son discretos.

Con el dinero que dicen que dan los gobiernos pasa algo similar: ¿Cómo, dónde y quién lo administra? No se sabe. ¿Llega donde tiene que llegar o son solo promesas vacías para evitar perder votos? La Unión Europea dice que dará 200 millones ahora y otros 200 millones de euros después, pero lo dicen mientras la ayuda humanitaria de emergencia se acumula en el aeropuerto de la capital de Haití, sin poder ser repartida entre la gente de forma adecuada. No podemos repartir una simple caja de galletas, ¿cómo vamos a repartir 400 millones de euros?

En este escenario, están ya involucrados países y presidentes de gobierno… dando un tristísimo espectáculo de egos en plena ebullición, intentando hacerse la foto, ver quién es el protagonista, peleándose por ver quién administra, quien ayuda, quien se hace con el mando… Zarcozy sabe de esto, no pierde ocasión de usar cualquier asunto controversial para ampliar su imagen… como una especie de síndrome del “héroe del comic”. Es adicto al espejo. Se están literalmente peleando por ver quién es el que más limpia su conciencia. Todos hablan, todos han hecho grandes discursos, han salido en los medios de comunicación como buenos samaritanos… todos dicen querer llegar al mismo objetivo, pero hasta ahora ninguno lo ha conseguido. Solo han logrado sembrar desesperación y caos.

Si tan preocupados estaban, si tan buenos son, ¿por qué no dieron ese dinero antes del terremoto, cuando la gente pasaba hambre y la ONU pedía a gritos ayuda? Está claro que EEUU es más efectivo destruyendo, invadiendo o bombardeando que ayudando. Cuestión de práctica.

Incluso juntando los 400 millones de la Unión Europea, y los 200 de EEUU, apenas llegaríamos a la cifra que la última película de James Cameron ha recaudado en taquilla hasta el momento: 500 millones de dólares y sumando.

Eso quiere decir que cuando la gente, la gente de la calle, no los gobiernos, quiere algo, puede. Si la gente en vez de ir al cine a pasar dos horas de distracción lúdica, hubiera dado ese dinero para Haití, no harían falta todos estos políticos hablando y hablando de lo que van a dar.

Por desgracia, si juntamos la taquilla de Avatar, con los 700 millones de ayuda internacional, no llegaríamos ni por asomo, a la cifra que EEUU entregó al banco Citygroup para protegerle de la crisis, más de 10. 000 millones. Ni llega a la que la Unión Europea se ha gastado (como ya dije en un artículo anterior) en el avión de guerra A400M. Esto pone en evidencia las verdaderas ganas de ayudar que tiene el primer mundo.

Nadie se ha fijado que mientras los periódicos llenaban sus portadas con Haití, dentro leíamos que las bolsas europeas en esos mismos días recogía importantes beneficios, o la NASA esperaba sonidos de una sonda que está en Marte, y que ha costado mil veces más de lo que se hubiera necesitado para que Haití y algún país más saliera para siempre de la pobreza.

Es sospechosa la manera, la insistencia con que se está llevando el tema. Nunca antes se había dado este tipo de cobertura a una desgracia, capaz incluso de ahogar los peores datos de la crisis económica. Sería lamentable averiguar que se está utilizando la tragedia de este país para manipular la opinión pública o para influir en cómo afrontamos la crisis.

No sé cuánto pretenden alargar esta agonía en directo, vía satélite, pero sé que dentro de una semana o de un mes… cuando ya Haití deje de ser noticia y desaparezca de los medios, nadie se preocupará. La gente dará por hecho que la ayuda llegó y se repartió con éxito. Los haitianos volverán a ser invisibles. Volverán a ser el tranquilo e insignificante país más pobre del mundo y todo volverá a estar en su sitio.

Haití, con su dolor y en toda su crudeza, nos ha demostrado lo egoístas que somos. Nos ha mostrado que hacen falta muertes, para que se nos abran un poco los ojos a la realidad.

Se ha caído Haití, pero también el decorado que tapaba nuestra hipocresía. Hemos ignorado la desgracia de una manera tan inhumana que pareciera la conciencia, quien está realmente conmovida. Mientras morían en cámara lenta no hacíamos caso. Han tenido que morir de una forma más rápida para empujarnos fuera de nuestros sillones. ¿Hay que llegar a este extremo?

Los haitianos no tenían nada, ahora tienen menos que nada. ¿Qué tenemos nosotros?

Ayudemos. Ayudemos aunque no haya terremotos o huracanes. Abramos los ojos, y las manos a las desgracias aunque no salgan en la tele.

 
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Publicado por en enero 20, 2010 in América Latina

 

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Haití: desastre natural sobre la infamia de la historia.

Guillermo Fernández Ampié*

La última tragedia que azota Haití ha atraído los focos de las empresas internacionales comercializadoras de noticias que no se cansan de repetir cuán pobre, qué falta de infraestructuras y servicios resulta la sociedad haitiana. El periódico español El País reseña “la crueldad” de la historia de esa nación caribeña: “crisis gubernamentales arbitradas a machetazos, pobreza, hambre y migraciones masivas”.

Otro análisis de la agencia Ap cita a algunos “expertos” que explican la desgracia por la conjugación de una serie de factores “asesinos”: geografía, problemas sociales, chapuceros estándares en la construcción de edificios “y mala suerte”. De remate, el predicador estadunidense y alguna vez precandidato presidencial republicano Pat Robertson afirma que existe una maldición sobre el pueblo haitiano porque éste habría hecho un pacto con el demonio para destruir la esclavitud e independizarse del yugo francés. De lo que se cuidan de hablar estos medios y sus fuentes “expertas”, o que apenas aluden, es de la responsabilidad de Estados Unidos y Europa en la postración de Haití.

Si algo ilustra la crueldad en la historia haitiana es precisamente la continua agresión de la que ha sido objeto el país (registrada por Gregorio Selser en su monumental obra sobre las intervenciones extranjeras en América Latina). Vale la pena recordar, aunque sea de forma sucinta, algunos de estos otros “factores asesinos” que han contribuido a la pobreza endémica de los haitianos.

En primer lugar mencionemos la exigencia de Francia, en 1838, para que Haití pagara 90 millones de francos de la época, para indemnizar los dueños de esclavos y plantaciones, y como condición ineludible para reconocer al país como nación independiente (cifra abonada religiosamente por los haitianos hasta ser cancelada en 1883). Otro es el “incidente Lüders”, que más bien pareciera un cuento del realismo mágico. La historia va así: En 1897, unos policías haitianos quisieron detener a un individuo a quien su anterior patrón acusó de un robo menor. El nuevo empleador del acusado, el comerciante Emile Lüders, trató de impedir utilizando bastonazos que se ejecutara la orden judicial. Lüders era hijo de madre haitiana y de padre alemán, y detentaba la ciudadanía haitiana. Con su actitud violó las leyes haitianas, fue juzgado y condenado a un año de prisión. Apeló entonces a su ascendencia alemana, y fue liberado poco después gracias a las gestiones de un diplomático de Estados Unidos. Lüders se trasladó a Alemania donde gestionó represalias contra Haítí. El káiser, ni corto ni perezoso, envió varias naves de guerra y un ultimátum para los haitianos: la entrega de 20 mil dólares como indemnización para Lüders, además de ofrecer disculpas al representante alemán y saludar con 21 cañonazos la bandera de Alemania.

De no cumplirse la demanda, Puerto Príncipe sería arrasada por las cañoneras alemanas. El gobierno haitiano se vio obligado a ceder al chantaje. Un tercer elemento es el de la invasión militar estadunidense que engendró la dictadura de Francois Duvalier, Papá Doc, y de su hijo Jean-Claude, el igualmente corrupto y asesino Baby Doc. Estos siniestros personajes duraron tanto en el poder gracias a la alimentación recibida por el cordón umbilical de la complicidad “americana”. Hechos más contemporáneos también merecen mención. Entre ellos el ascenso y la caída de Jean Bertrand Aristide, a quien El País identifica como “el cura populista que nunca pudo o supo erradicar las causas” de la postración haitiana (como si un solo hombre pudiera transformar, en algunos meses de gobierno, las secuelas de un sistema que tiene siglos de castigar a los haitianos).

Aristide fue derrocado con la complicidad estadunidense, y restituido en el poder tras comprometerse a aplicar unas políticas neoliberales que desangraron todavía más a una población hundida ya en la miseria. Bill Clinton, hoy irónicamente nombrado enviado especial de Naciones Unidas para Haití, era entonces el presidente estadunidense cuando esto ocurrió. Como podemos ver, una de las principales claves para entender la tragedia haitiana está en lo que menciona, casi sin querer, el periódico español: el protectorado que de hecho ejerce la Casa Blanca sobre Haití desde 1915.

Si alguna maldición ha caído sobre el pueblo haitiano es precisamente la del intervencionismo de Estados Unidos; una maldición que al parecer continúa hasta el día de hoy, cuando todo indica que el gobierno de Estados Unidos toma la nueva tragedia como un pretexto para ocupar militarmente, una vez más, a tan desdichada nación.

Fuente: La Jornada * Periodista, ex editor de la revista Barricada Internacional.

 
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Publicado por en enero 18, 2010 in América Latina

 

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Miseria en la cultura: decepción y depresión

Leonardo Boff

En 1930 Sigmund Freud escribió su famoso libro El malestar en la cultura y ya en la primera línea denunciaba: «en lugar de los valores de la vida, se prefiere el poder, el éxito y la riqueza, buscados por sí mismos». Hoy día estos factores han alcanzado tal magnitud que el malestar se transformado en miseria en la cultura. La COP-15 en Copenhague nos dio la demostración más cabal: para salvar el sistema del lucro y de los intereses económicos nacionales no se ha temido poner en peligro el futuro de la vida y del equilibrio del planeta sometido ya a un calentamiento que, si no es encarado rápidamente, podrá exterminar a millones de personas y liquidar gran parte de la biodiversidad.

La miseria en la cultura, o mejor, de la cultura, se revela por medio de dos síntomas verificables en todo el mundo: la decepción generalizada en la sociedad y una profunda depresión en las personas. Ambas tienen su razón de ser. Son consecuencia de la crisis de fe por la que está pasando el sistema mundial.

¿De qué fe se trata? Es la fe en el progreso ilimitado, en la omnipotencia de la tecnociencia, en el sistema económico-financiero, con su mercado, que actuarían como ejes estructuradores de la sociedad. La fe en estos dioses poseía sus credos, sus sumos sacerdotes, sus profetas, un ejército de acólitos y una masa inimaginable de fieles.

Hoy día esos fieles han entrado en una profunda decepción porque tales dioses se han revelado falsos. Ahora están agonizando o simplemente han muerto, y los G-20 tratan en vano de resucitar sus cadáveres. Los que profesan esta religión fetiche constatan ahora que el progreso ilimitado ha devastado peligrosamente la naturaleza y es la principal causa del calentamiento planetario. La tecnociencia que, por un lado, ha traído tantos beneficios, creó una máquina de muerte que sólo en el siglo XX mató a 200 millones de personas y es hoy capaz de exterminar a toda la especie humana; el sistema-económico-financiero y el mercado quebraron, y si no hubiera sido por el dinero de los contribuyentes, a través del Estado, habrían provocado una catástrofe social. La decepción está estampada en los rostros perplejos de los líderes políticos, que no saben ya en quién creer y qué nuevos dioses entronizar. Existe una especie de nihilismo dulce.

Ya Max Weber y Friedrich Nietszche habían previsto tales efectos al anunciar la secularización y la muerte de Dios. No que Dios haya muerto, pues un Dios que muere no es «Dios». Nietszche es claro: Dios no murió, nosotros lo matamos. Es decir, para la sociedad secularizada Dios no cuenta ya para la vida ni para la cohesión social. En su lugar entró el panteón de dioses que hemos mencionado antes. Como son ídolos, un día van a mostrar lo que producen: decepción y muerte.

La solución no estriba simplemente en volver a Dios o a la religión, sino en rescatar lo que significan: la conexión con el todo, la percepción de que la vida y no el lucro debe ocupar el centro, y la afirmación de valores compartidos que pueden proporcionar cohesión a la sociedad.

La decepción viene acompañada por la depresión. Ésta es un fruto tardío de la revolución de los jóvenes de los años 60 del siglo XX. Allí se trataba de impugnar una sociedad de represión, especialmente sexual, y llena de máscaras sociales. Se imponía una liberalización generalizada. Se experimentó de todo. El lema era «vivir sin tiempos muertos; gozar la vida sin trabas». Eso llevó a la supresión de cualquier intervalo entre el deseo y su realización. Todo tenía que ser inmediato y rápido.

De ahí resultó la quiebra de todos los tabúes, la pérdida de la justa medida y la completa permisividad. Surgió una nueva opresión: tener que ser moderno, rebelde, sexy y tener que desnudarse por dentro y por fuera. El mayor castigo es el envejecimiento. Se concibió la salud total, y se crearon modelos de belleza, basados en la delgadez hasta la anorexia. Se abolió la muerte, convertida en un espanto.

Tal proyecto posmoderno también fracasó, pues con la vida no se puede hacer cualquier cosa. Posee una sacralidad intrínseca, y límites. Si se rompen, se instaura la depresión. Decepción y frustración son recetas para la violencia sin objeto, para el consumo elevado de ansiolíticos y hasta para el suicidio, como ocurre en muchos países.

¿Hacia dónde vamos? Nadie lo sabe. Solamente sabemos que tenemos que cambiar si queremos continuar. Pero ya se notan por todas partes brotes que representan los valores perennes de la condición humana: casamiento con amor, el sexo con afecto, el cuidado de la naturaleza, el gana-gana en vez del gana-pierde, la búsqueda del «bien vivir», base para la felicidad, que es hoy fruto de la sencillez voluntaria y de querer tener menos para ser más.

Esto es esperanzador. En esta dirección hay que progresar.

 
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Publicado por en enero 17, 2010 in Mundo

 

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Abandonados por los dioses del Vudú.

Norelys Morales Aguilera. Publicado en Cubahora.cu

Algo así, difícil de creer había impactado en la vida de los haitianos, los más pobres del hemisferio. Los territorios más cercanos vivieron el pavor de una alerta de tsunami para el Caribe.

Pero, el sismo tuvo el epicentro a pocos kilómetros de Puerto Príncipe, zona donde reside la mayoría de sus habitantes. Y, la intensidad del movimiento telúrico que causó devastación, hizo que los cooperantes llegados de Cuba en la tarde de este martes lo compararan con la que algunos de ellos habían presenciado en Paquistán víctima de otro potente desastre.

El polvo y la sangre en sobrevivientes caminando como zombis. Los gritos entre las ruinas de los atrapados. Colapso en los servicios médicos y los principales edificios vinieron a tierra.

Así llegaron las primeras imágenes. El viento, la gente corriendo y un ¡Mi Dios! (en inglés) de hombre viendo caer un edificio alto.

El corresponsal de DPA daba el testimonio de una mujer joven que vio el sismo desde una colina horrorizada: “Es el fin del mundo”.

El viento movía la nube de polvo de los edificios derruidos. La furia telúrica no respetó casa de pobre o de rico, barrios, hoteles de lujo, supermercados, colegios, hospitales ni fábricas. El prestigioso hotel La Montana era una pila de escombros que contabilizaba 200 lesionados.

Miles de personas durmieron en las calles por haber perdido sus viviendas o por temor a otro terremoto, mientras los cuerpos sin vida de las víctimas seguían donde habían caído.

También se desató fuego en numerosos inmuebles.

Las agencias mostraban imágenes de mujeres y hombres con los brazos en alto, como si de veras sintieran que sus dioses les habían abandonado o implorando.

“Las paredes se vinieron abajo en todos lados. Corrí por mi vida. La gente no hacía más que gritar ‘¡Jesús, Jesús!’. Fue completamente irreal. Una locura. Salí de mi cuarto de hotel y la pared se derrumbó directamente al lado mío”, relató el fotógrafo Ivanoh Demers a la revista canadiense cyberpresse.ca.

Durmieron o pernoctaron a la intemperie. Se habla de 15 réplicas del sismo.

Una testigo extranjera describió a la situación como de “apocalipsis”: “Las calles están llenas de gente, sentada o esperando. Muchos están agresivos. Hay muchos muertos. Los pocos hospitales se han quedado sin medicinas”, describió.

Nadie sabe a ciencia cierta cuántos han fallecido.

A 16:15 hora en Haití el presidente haitiano, René Preval, llevaba en las calles de Puerto Príncipe desde las cinco de la mañana “tratando de entender la magnitud” de la catástrofe que ha asolado su país”.

Es “increíble”, señaló en una entrevista concedida a la CNN. “Hay que verlo para creerlo”. “No sé donde voy a dormir esta noche. Pero eso no es un problema”, dijo el máximo mandatario, que habla de 50.000 muertos, aunque insiste lo indeterminado de la cifra.

“Es una catástrofe. Estoy pasando por encima de los cuerpos muertos. Hay mucha gente enterrada debajo de los edificios. El hospital general ha colapsado. Necesitamos ayuda. Necesitamos apoyo. Necesitamos ingenieros”, declaró la primera dama del país, Elisabeth Preval.

Habitantes de Puerto Príncipe, la capital haitiana, continúan buscando sobrevivientes entre las ruinas y amontonando cadáveres cubiertos con sábanas en las calles. La Cruz Roja calculó que tres millones de personas habrían resultado afectadas por la tragedia, mientras esperaba poder ofrecer para mañana jueves cifras preliminares.

La capacidad de los hospitales locales, las organizaciones no gubernamentales y los grupos de caridad ha sido completamente sobrepasada por la magnitud del impacto, provocado por el peor sismo en 200 años.

Vehículos de la Policía haitiana, de Naciones Unidas o de la Cruz Roja intentaban mal que bien trasladar a los heridos, pero las casas destruidas bloquean su circulación.

Pero no es la única dificultad para los socorristas y habitantes: las líneas telefónicas resultaron seriamente afectadas y era muy difícil comunicarse con Haití desde el extranjero.

La mayoría de las estaciones de radio y de televisión seguían sin operar varias horas después del temblor, y las pocas radios que podían emitir lanzaban llamados urgentes, según AFP.

América Latina y numerosos países ofrecieron ayuda durante el primer día posterior al terremoto. Gobernantes de todas las latitudes han transmitido sus condolencias al pueblo y autoridades haitianas.

Solo entre los cooperantes cubanos y soldados argentinos destacados allí por las Naciones Unidas habían atendido a más de 2 000 haitianos, cuando de la Isla llegó un contingente para reforzar a los cooperantes ya integrados a las comunidades locales.

Más de un tercio de la población local ha sido damnificada. Los haitianos tendrán que reconstruir su país, la mitad de la Isla La Española, para que pueda renacer una nación que imágenes y testigos describen como “fantasma”.

 
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Publicado por en enero 15, 2010 in América Latina

 

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La carga de Heritage Foundation.

Eliades Acosta Matos

No ha habido tregua de Navidad ni de Año Nuevo para la administración de Barack Obama. Los neoconservadores, siempre tan apegados a un discurso que supuestamente promueve valores cristianos, no han descansado ni un minuto en estas fiestas del perdón, la familia y el recogimiento. Usando toda su maquinaria propagandística se han concentrado en la ardua tarea de mantener encendidas, y a tope, las calderas del miedo. Han movilizado a sus fogoneros de lujo, a los editorialistas del portal digital Townhall.com y la consigna ha sido azotar sin piedad a un Presidente liberal, al que de nada ha valido la bochornosa claudicación ante la razón guerrerista imperial que es, en esencia, su discurso de aceptación del Premio Nóbel de la Paz.

Un análisis de los temas políticos abordados día a día en la última semana del 2009, y en los primeros del 2010, arroja que el peligro inminente de nuevos ataques terroristas, la incapacidad de la actual administración para prevenirlos, las deficiencias en los sistemas de seguridad nacional y la necesidad de atacar a Yemen constituyen las líneas esenciales de los talking point que, sin dudas, fueron hechos circular entre los escribas designados para desplegarlos ante el aterrado lector estadounidense. A tal punto se parecen los enfoques, casi con las mismas palabras, con metáforas calcadas, con adjetivos reiterados y odios compartidos, que firman personajes tan disímiles, y a la vez tan semejantes, como Michelle Malkin, Charles Krauthammer, Oliver North y James Jay Carafano.

Y por si fuera poco, el pasado 30 de diciembre, siempre mediante Townhall.com, casi se logra poner fuera de combate a ese mismo lector, ya de por si abrumado por los gastos navideños, las visitas indeseadas y las sombrías perspectivas de un mundo amenazante. Una carta personal de Edwin J. Feulner, Presidente de Heritage Foundation, según encuesta del 2009 de la revista “Foreign Policy”, “el quinto tanque pensante más influyentes de Estados Unidos”, no se enviaba de manera personalizada a cada suscriptor para desearle un nuevo año de amor y paz, sino para… ¡invitarlo a ir “a la carga” (sic) por el regreso al poder de los conservadores!

¿Y qué duda puede caber de que Feulner, considerado a su vez por Karl Rove como “uno de los 7 conservadores más poderosos del país”, (y por lo tanto, presidenciable de cara a las elecciones del 2012) habla en serio? De de eso precisamente se trata: de lanzarse a un tipo de batalla política que otro conservador cubano, Don Tomás Estrada Palma, bautizase en su época como “dar la brava”. Y claro, el lector conservador promedio ya tenía bastante con la crisis económica, el cambio climático y los supuestos ataques inminentes de Al Qaeda, para que se le aturdiese además con esta clarinada.

¿Y contra quién va dirigida la carga que un galante cruzado, como Feulner, organiza a nombre de Heritage Foundation, empresa que dirige con mano firme desde 1977?

Se trata de un contraataque heroico que ha de restituir el poder a la derecha neoconservadora, humillada tras la debacle de las elecciones del 2008. El enemigo principal es “la izquierda, que está llevando a cabo, desde la Casa Blanca y el Congreso, una agenda radical, que va desde el despliegue de costosos programas que resumen sus ideas erradas sobre cómo conducir la guerra contra el terrorismo, la salud pública, la educación, y hasta lo que debe ser la Corte Suprema”. Contra semejante peligro agita hoy su estandarte este émulo de Pedro El Ermitaño, aquel monje enloquecido que recorrió media Cristiandad clamando por lanzar otra Cruzada contra los infieles y por la liberación del Santo Sepulcro. “Los liberales piensan que la solución mágica a todos los problemas es implantar una versión moderna del New Deal (de Franklin Delano Roosevelt) -fustiga un siempre indomable Feulner- cuando de lo que se trata es de luchar por una país mejor, que retorne a sus orígenes conservadores”

Para Heritage Foundation, poner de nuevo a la nación “en el camino correcto”, significa… “no abandonar la misión, que consiste en luchar por la libre empresa, tener un gobierno limitado, por la libertad individual, los valores estadounidenses tradicionales y una robusta defensa nacional”

Nada entenderá el zarandeado lector de Townhall.com, si no le recordamos que Heritage Foundation fue fundada en 1973 por Paul Weyrich, uno de los líderes de la Nueva Derecha, que seguía la línea cavernaria, furiosamente anticomunista y pro-imperialista del entonces senador Barry Goldwater. De hecho, el propio Townhall.com fue fundado y dirigido por este tanque pensante desde 1995 hasta el 2005, y sigue en su órbita, aunque se repute hoy como “independiente”. La organización que dirige Feulner es un próspero emporio, con un presupuesto en el 2007 ascendente a 48,7 millones de dólares, que recibe fondos de instituciones conservadoras privadas como la John M. Olin Foundation, la Sarah Scaife Foundation, la Lynde and Harry Bradley Foundation, y de transnacionales multimillonarias, como la Boeing, la Lockheed Martin, la AIG, la Phillip Morris, Chevron Texaco, Exxon Mobil y Microsoft. En enero del 2009, según palabras de Feulner, al final de su carta, al pasar el inevitable cepillo para propinarle una derrota a los liberales y vencer al terrorismo internacional, Heritage Foundation cuenta con más de 400 mil donantes particulares.

De las cocinas profundas de Heritage Foundation brotó la llamada “Doctrina Reagan”, caracterizada por el apoyo a movimientos anticomunistas en todo el mundo, como la contra nicaragüenses, los mujhaidines afganos o la Unita angolana, y también a los disidentes de los entonces países socialistas. A diferencia de lo que se llamaba por entonces como “Política de contención”, los chicos creativos de Feulner esgrimieron contra la URSS el calificativo de “Imperio del Mal”, al que había que combatir hasta su derrota. Fueron los ideólogos de la llamada “Strategic Defense Iniatiative” o “Guerra de las Galaxias”, y también de aquel “Contract with América” de uno de sus asesores, Newt Gingrich, que arrebató en 1994 la mayoría en el Congreso a los Demócratas y permitió hacer la más despiadada de las guerras a la administración Clinton. Por último, junto al Proyecto por un Nuevo Siglo Americano, programa de los neoconservadores, Heritage Foundation dio sustancia política e ideológica al gobierno de George W. Bush. Feulner fue uno de los 29 firmantes iniciales de dicho Proyecto.

Como es usual que ocurra con estos esforzados paladines “idealistas y doctrinarios” de la derecha imperialista, los escándalos por corrupción suelen aparecer cada cierto tiempo en los límpidos cielos de Heritage Foundation y del propio Feulner. Según denuncias de Rigth Web, la primera recibió a inicios de los 80 un donativo de 2,2 millones de dólares de la Korean Central Intelligence Agency para “defender los intereses de su país en el extranjero”, y el seráfico cruzado que hoy llama a la carga se sabe que en el 2001 dejó a un lado sus feroces ataques contra Mahatir Bin Mohamad, entonces Primer Ministro de Malasia, al que había acusado de “antisemita, enemigo de la libre empresa y violador de los derechos humanos”, desde el mismo momento en que su firma particular, la Belle Haven Consultants, realizó importantes inversiones en aquel país.

Para levantar la moral de sus estrujados lectores conservadores, Feulner incluye en su carta de Año Nuevo una verdad rotunda final: “En Washington, (o lo que es lo mismo, en la política de los Estados Unidos) no hay ni victorias, ni derrotas definitivas”.

Para algunos, este llamado trasnochado a la carga de Feulner y Heritage Foundation podría parecer ridículo o pasado de moda. Nada más lejos de la verdad. Habría que recordar que otra carga falsa, la supuestamente protagonizada por Teddy Roosevelt y sus Rough Riders, en el campo de batalla de San Juan, en las afueras de Santiago de Cuba, el 1 de julio de 1898, sabiamente explotada por él mismo y los intereses imperialistas que representaba, puso a este reverenciado precursor de los neoconservadores en el camino que lo llevaría a la Presidencia de su país… y del Premio Nóbel de la Paz.

Que las barbaridades políticas y las afrentas a la Humanidad no son cosas exclusivas de nuestra época.

 
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Publicado por en enero 11, 2010 in Estados Unidos

 

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¿Cómo se mata al gusano?

Honduras: tres presidentes y ningún gobierno. Centro truírtico de los terroristas de Miami.


Roberto Quesada.

“Claro que no somos una pompa fúnebre/Usamos el derecho a la alegría” (Mario Benedetti)

Es tradición, venga de dónde venga la idea, de que al finalizar un año renace la esperanza en el ser humano de que el siguiente será mejor. Los sueños no cumplidos quizá puedan realizarse con la llegada de ese nuevo año. Y esto no es nada criticable pues es bueno que exista ese sentimiento de que todo tiempo pasado fue peor. Por ejemplo, cuánto desearía que este último artículo del año del último lunes fuera lleno de optimismo y de auténtica reconciliación entre hondureños/as, pero quienes dieron el golpe de Estado-militar no lo han querido así, se han parapetado en su capricho y en el escudo de que los Estados Unidos los respalda. Para estos el pueblo hondureño es lo de menos, de menos, menos.

Así de insólita, Honduras entra al nuevo año con tres presidentes pero sin gobierno: uno, el constitucional, por estar preso en la embajada de Brasil; otro, el de facto, que ante los ojos del mundo y de gran parte de la población hondureña es inexistente al encaramarse al poder a través de un golpe de Estado-militar, por tanto nadie le ha reconocido; y el recientemente electo que aún está en el limbo puesto que los efectos del de facto lo arrastran inevitablemente al no reconocimiento internacional, al menos a corto plazo.

La cifra de muertes políticas ha ido creciendo, las violaciones a los derechos humanos no se han detenido desde el 28 de junio que se perpetró el golpe de Estado-militar, crece el temor a la devaluación de la moneda y la inflación (y escasez) en los productos de primera necesidad, como el de los alimentos y medicinas, que, según se sabe, han subido de precio. Con todo este panorama es difícil, por no decir imposible, despedir uno y recibir otro año con alegría. Y si a esto agregamos que los compatriotas en los Estados Unidos están teniendo problemas para la extensión de su permiso temporal (TPS) puesto que nadie negocia por ellos si no existe un gobierno reconocido por nadie, entonces vemos que las cosas van de mal en peor.

Lastimosamente para Honduras el año pasa como si no pasara, pues gente cegada por el rencor, el odio, la avaricia, se ha negado a dar los pasos con los que se pudo salir de la crisis política lo antes posible sin que se acentuara la crisis económica y se abriera más la brecha de una sociedad cada día más dividida. Por culpa de unos cuantos cruzamos hoy de un año a otro sin la mínima ilusión, por el contrario, con el temor de que aparezcan fantasmas como la hambruna, así lo reafirma el triste reciente informe del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia: “Honduras registró este año una mortalidad de 6,000 menores de 5 años, un promedio de 16 diarios (Â…). Según Unicef, en Honduras cada año nacen por lo menos 202,000 niños y niñas, pero agregan que lo triste es que de ellos mueren 6,000. A diario fallecen 16 infantes, una cifra todavía superior a la del ‘Estado Mundial de la Infancia’ que registra 13 niños al día”, expresa el documento. (Tiempo 27/12/09).

No obstante, a pesar de los pesares, el pueblo hondureño ha asistido masivamente a las inmediaciones de la embajada brasileña a celebrar Navidad con su presidente constitucional, Manuel Zelaya Rosales, en cautiverio. Fue impresionante ver esas imágenes de solidaridad, de música y baile, la alegría y optimismo no se ha doblegado en el pueblo hondureño en seis meses de tupida represión. Y se espera que el 31 de diciembre, noche de año nuevo, se repita con más pasión esta celebración en las afueras de la embajada de Brasil.

El 23 de diciembre en la ciudad de Nueva York el pueblo hondureño acompañado de la solidaridad internacional celebró también junto al presidente Zelaya las fiestas navideñas. Se realizó lo que ya está haciéndose tradición: la tamaleada. Disertó el sacerdote Ismael Moreno “Padre Melo”, en el International Action Center, en Manhattan y el acto se transmitió por Radio Progreso, Radio Uno, Radio Globo, Radio Mi Gente y muchas otras más. Todo para confirmarle al presidente Zelaya, aunque duela a sus enemigos, que no está solo ni en Honduras ni en el mundo.

Como lo dijimos en un principio, que sospechábamos que el golpe de Estado-militar era un experimento para aplicarse, según sus resultados, en otros países latinoamericanos que estén soñando con mejorar el nivel de vida de sus habitantes, se ha ido evidenciando cada vez más que el golpe de Estado-militar se da en Honduras pero en realidad la idea es desestabilizar Latinoamérica, quizá por ello los Estados Unidos no hizo absolutamente nada para frenar la crisis, eso hubiese significado dejar a medias el experimento.

Desgraciadamente los agentes internos y externos que propiciaron el golpe de Estado-militar solamente han causado daño a un pueblo de los más pobres del hemisferio, no han logrado nada en contra de los países que supuestamente iba dedicado el golpe, no, sólo ponerlos en alerta para prepararse por si intentan aplicarles el caso Honduras. Es seguro que si eso sucede no se encontrarán frente a un pueblo tan pacifista como el hondureño sino que el mapa de América Latina volverá a teñirse de sangre, como quien dijera: “Los hondureños hemos vuelto a ser carne de cañón”.

Esto se demuestra en que el exilio cubano de Miami, desde el 28 de junio, ha hecho de Honduras su centro “turístico”, tanto para respaldar golpes, dar y recibir premios, como para conspirar contra sus adversarios demócratas… quizá sea por eso que el subconsciente colectivo hondureño tenga en el ‘top’ de la música bailable navideña, del Grupo Santa Fe, ¿Cómo se mata el gusano?.

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Publicado por en enero 4, 2010 in América Latina

 

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