RECIBIÓ TRATO HUMANO EL ASESINO DEL CHÉ

Nadie le preguntó quién era, recibió un trato humano y generoso, como debe ser, pero sobrevive como el asesino de un hombre ya sin armas y herido. Hace casi 40 años Mario Terán, teniente del ejército boliviano, asesinó a Ernesto Che Guevara. Ese hombre, ahora anciano, ha sido curado de cataratas por médicos cubanos. En el periódico Granma se publicó la noticia cuando en Cuba se rememora al Che en el aniversario de su muerte. Los especialistas que operaron a Terán no supieron en ese momento quién era el enfermo. El exmilitar acudió en Bolivia a uno de los hospitales que ejecutan la Operación Milagro, el programa de Cuba y Venezuela de asistencia oftalmológica gratuita para los pacientes.

Según la Jornada, la operación de exteniente fue originalmente difundida el 11 de octubre de 2006 en un blog del periodista chileno Juan Pablo Meneses, a partir de una entrevista con su colega boliviano Pablo Ortiz, del diario El Deber, de Santa Cruz. De acuerdo con el relato de Ortiz, Terán “está muy viejo y casi ciego. No habla con nadie, no quiere dar entrevistas y vive en Santa Cruz”. Es un “perfecto desconocido” y “está en la ruina”.

El diarista boliviano contó que un hijo de Terán acudió a El Deber para pedir que se hiciera público que su padre había sido curado de la vista y para agradecérselo a los cubanos. Quedó en regresar un día más tarde, pero no volvió y la información no se publicó. Según le dijo Ortiz a Meneses, “Terán no quiere ser identificado, porque teme a la ‘maldición’ del Che”, leyenda popular que surgió a medida que fueron muriendo en forma violenta varios de los directamente involucrados en la captura y asesinato de Guevara.

El 9 de octubre de 1967, pasado el mediodía, Terán cumplía órdenes de los generales René Barrientos y Alfredo Ovando, de la Casa Blanca y de la Agencia Central de Inteligencia (CIA). Acudió al alcohol para poder cumplir la orden emitida. Estaba nervioso y falló los primeros disparos. Herido y con las manos atadas a la espalda, el Che le pidió que se calmara, y le dijo: “No tiembles más y dispara aquí, que vas a matar a un hombre “.

El mismo Terán narró después a la prensa que temblaba como una hoja ante aquel hombre a quien en aquel momento vio “grande, muy grande, enorme”. Herido y desarmado, Che Guevara tuvo todo el coraje que le faltaba a su asesino para abrirse la camisa verde olivo raída y descubrirse el pecho. Terán, “Anciano ya -afirmó el rotativo Granma- podrá volver a apreciar los colores del cielo y de la selva, disfrutar la sonrisa de sus nietos y presenciar partidos de fútbol”. Cierto. Pero no dejará de ser, anónimo, un hombre que asesinó y nada más ni menos que a quien empleaba sus propios medicamentos para curar a los adversarios heridos y luchó por justicia para los pobres y olvidados, aunque como Terán lleven un peso muy grande en su conciencia.

FUENTES: Granma, La Jornada

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