Cuba: en apuros, mas no desesperados

Norelys Morales Aguilera

Un capricho de mal gusto dicen que ha sucedido en Cuba: pero en la naturaleza -como en la vida- aunque lo ignoremos, nada sucede porque sí. Cuatro eventos meteorológicos sobre la tierra cubana en un mes es algo no visto. Y, por esas paradojas que abundan más de lo que se supone, el país más pobre de América Latina, Haití, y el más rico del mundo, Estados Unidos, también sufrieron. Sólo que la situación en cada lugar es distinta y más aún, cómo resolver lo que nos da el medio ambiente agudizado por acciones humanas.

Lo de Haití es desesperación: la pobreza y la ignorancia han hecho lo suyo sobre los hermanos haitianos. Lo de Estados Unidos: abandono oficial aun con sus millones. Lo de Cuba, es estar en apuros y me atengo a hechos.

Cuando ya se empieza a pensar que se sabe todo de cómo se hacen las cosas en ese riquísimo país que es Estados Unidos, veo que no. Valoro unas declaraciones y observo que bajo vientos potentes aún permanecía conectada la energía eléctrica en el alumbrado público y en el edificio más alto de Houston, como señal de imprevisión. Se sabe, al menos los cubanos sabemos, que cuando los vientos estén alrededor de 70 k/hora debe ser desconectado el servicio eléctrico, porque cualquier cable energizado podría caer a tierra o al agua con peligro para algún morador.

Recordé haber leído en estos días: “Esto es la democracia”, comentó Mark Miner, vocero del gobernador Rick Perry. “Las autoridades municipales pueden ordenar evacuaciones en términos muy enérgicos. El gobernador Perry puede emitir advertencias contundentes. Empero, no se puede obligar a la gente a abandonar sus casas. Adoptaron la decisión de capear la tormenta y las encomendamos en nuestras plegarias”. […] ¡Plegarias en vez de protección! Y no tengo problemas con las plegarias, que conste.

Así que durante la noche mientras azotaba el Ike, las centrales telefónicas de los servicios de emergencia recibieron miles de llamadas de residentes asustados que desobedecieron las órdenes de evacuación obligatoria, dice un cable. Las autoridades estatales y municipales comenzaron la búsqueda de sobrevivientes al mediar la mañana, horas después que Ike tocara tierra en Galveston con vientos de 176 kph (110 mph), copiosas lluvias y enormes olas.

Lo de Cuba es estar en apuros, lo creo de corazón y cargo toda la angustia que los especialistas llaman “efectos del post desastre”. Por mi experiencia profesional de reportera acumulo muchas imágenes de huracanes, inundaciones, vuelos sobre zonas siniestradas en el archipiélago… y lo más importante, diálogos e instantes dramáticos que jamás olvidaré.

La amenaza de Ike sobre todo el territorio nacional creó en mi cabeza algo como un cubículo de edición de planos. La adrenalina recorrió mi columna vertebral cuando vi las olas sobre los edificios de Baracoa y el meteoro se enrumbaba inexorable sobre Punta Lucrecia en Holguín con categoría cuatro en la escala Saffir-Simpson.

Pero, no fui yo sola. Ningún habitante de la geografía cubana estuvo ajeno a las primeras imágenes que transmitió la Televisión en la noche y el medio día del 7 de septiembre del 2008. Muchos me han comentado… fue el instante de la máxima certeza y de la gravedad, aún a sabiendas de que el servicio meteorológico nacional no estaba errado. Revisando las fotos en mi ordenador hallé entonces algo que seguro mi subconsciente captó. Fue el gesto de un poblador de Baracoa que se llevó las manos a la cabeza viendo las olas que sobrepasaban un edificio en el malecón.

El inconfundible “¡Ñoooooooooo!” o el “Mira eso” de los cubanos debieron recorrer el archipiélago casi a una voz. Empezábamos a vivir la certeza desgarradora de que todos correríamos la suerte por igual. Desde Colombia alguien opinaba: “Veo a Cuba luchando duro por sus vidas”.

Y, no era para menos, si alguien seguía las noticias por los medios nacionales de Cuba. Las espectaculares imágenes de Baracoa con los días fueron superadas en alcance nacional. Seríamos devastados en infraestructura económica, social y habitacional como nunca antes. Fueron protegidas 2 millones 772 mil 615 personas cuando el Ike y en total por los dos ciclones, 3 millones 179 mil 846 personas.

Medio millón se albergó en centros de evacuación; el resto recibió abrigo solidario de familiares y vecinos, en lo que se emplearon más de 10 mil medios de transporte y cientos de albergues habilitados para la ocasión. Adicionalmente, como consecuencia de las medidas adoptadas por el Ike, se retornaron a sus viviendas 176 mil 113 estudiantes de centros internos y fueron reubicados 2 mil 818 turistas, dice el informe oficial preliminar.

Lo hecho estaría incompleto si no se dijera que fue protegida la economía nacional y los medios todo lo que se pudo. Baste decir que a pesar de la destrucción, los maestros y la comunidad resguardaron computadoras, videos y otros equipos y material escolar que han permitido reiniciar las clases, aunque halla escuelas derruidas. Las casas de los cubanos, que voluntariamente fueron albergue de los más vulnerables, ahora son aulas, en lo que se reconstruyen o reparan las escuelas.

Asistiendo los niños y los jóvenes a los planteles también se recuperan emocionalmente –primera victoria del post desastre-, los padres pueden ocuparse de rearmar sus casas, reconstruir sus bienes hasta donde sea posible por el momento y echar a andar la economía nacional que fue paralizada por varios días, con el consiguiente costo adicional sobre los daños monetarios, calculados conservadoramente para ambos huracanes en alrededor de cinco mil millones de dólares.

Permitidme repetir la cifra: ¡cinco mil millones de dólares!. Pero, que nadie olvide las pérdidas diarias que ocasiona al país un injusto bloqueo que va más allá de no poder comprar en Estados Unidos, y sí la persecución a toda operación comercial de Cuba, sea para la compra de alimentos, medicinas o para la economía. El bloqueo supera ya –hasta junio de 2008- los ¡129 mil millones de dólares! El bloqueo es más asesino que dos huracanes juntos y otros dos eventos meteorológicos en un mes.

Supongo que los estrategas de la guerra en Washington no dejarán escapar el “datico” de que el país estaba preparado, con una reserva, que permitió resistir el impacto inicial de un golpe demoledor. Imagine que un poderoso huracán fuera capaz de atravesar toda la geografía de Estados Unidos y hubiesen tenido que proteger a tres de cada cien habitantes de la nación. ¡Si no pudieron con Nueva Orleáns!.

Pero, ofrezco la valoración de un calificado especialista a la agencia noticiosa alemana DPA. Richard Haep se pasa las manos por la cara, tratando de borrar el cansancio. El experto alemán en agricultura dirige desde La Habana los 36 proyectos que la ONG Agro Acción Alemania tiene desde hace 15 años en la isla, y que tras el paso dos devastadores huracanes en apenas una semana, Gustav e Ike, han quedado muy dañados. Como todo el país, dice.

“Los huracanes han sido para Cuba como un tsunami. Toda Cuba está patas arriba”. Tras recorrer junto a sus colaboradores buena parte de los territorios afectados, no le cabe duda: “En cálculos conservadores, estimaría los daños en 10.000 millones de dólares”.

Es decir, “casi una quinta parte del producto interno bruto de Cuba en 2007”. Por si la cifra no impresionara, una comparación: “Es como si Alemania sufriera pérdidas económicas por 400.000 millones de dólares”.

Cuando Ike salía de la tierra cubana, mientras sus inundaciones estaban amenazando, fue un momento dramático para muchas personas, viendo que las aguas llegaban a donde nunca lo hicieron, obligándoles a evacuarse apenas con lo que llevaban puesto y muchos perdiendo sus bienes materiales. Volvía a ser puesto a prueba el sistema de la defensa civil. Salían airosos los ciudadanos, que es lo que tiene sentido.

Entonces, desde el “almacén de imágenes de mi cerebro” se clarificó un concepto: Cuba se asombra de sí misma. Se había luchado por la vida duramente, pero no solo en esos instantes. La previsión comienza mucho antes, años antes y rinde fruto en determinado momento. Lo cual saben todos los peritos del mundo en desastres y protección de la ciudadanía.

Los cubanos son un pueblo entrenado. El presidente Raúl Castro tomó su puesto en un punto de dirección, se comunicaba con las autoridades locales, disponía para que todos los recursos del país llegasen con prontitud a los damnificados, alentaba.. Así se continúa haciendo y él y otras autoridades recorren varios territorios. ¿Puede alguien suponer que el esfuerzo colosal desplegado sería obra de una institución aislada o de un reducido número de de directivos? ¿Es en verdad la isla tan vulnerable económicamente a pesar de la carencia de recursos naturales y venir reconstruyendo nuevamente toda la economía? Hay un capital humano que no se calcula nunca en estadísticas.

“Desde hace 15 días el gobierno de Raúl Castro está pasando su prueba de fuego: la mayor parte de los cubanos con los que he hablado aprueban su gestión de la crisis durante e inmediatamente después del paso de los huracanes por la isla”, dice desde Cuba Fernando Ravsberg, el corresponsal de la BBC, alguien que trata de no mentir, pero que no puede apartarse mucho de un guión que le trazan o que él se impone, da lo mismo. ¡No conocen aún a los cubanos!

Siempre serán unos inconformes, despotricarán todo lo que quieran en su tierra, no saben cuántos tienen casi en los genes del ideario martiano -que enseña que “el dolor se ofende de que miren a él y lo publiquen”-, le harán un cuento a la muerte… pero de bobos no tienen un pelo. Agradecerán infinitamente toda muestra de solidaridad, de quien envíe algo o de quien ruegue por ellos. Pero, el futuro está en sus propias manos.

Ese pueblo es el de los niños que secaron al sol sus libros para ir al aula; el de la madre preocupada que llevaba a sus hijos este lunes a la escuela tan impecablemente vestidos y limpios como si en toda la geografía cubana no hubiese sucedido nada; el de las casas que albergaron hasta 20 ó más vecinos y juntaron la comida, y los pisos hechos camas y la ternura, y ahora son aulas también; el del directivo del barrio que tomó más decisiones que un ministro en estos días aciagos; el de los ministros o dirigentes del Partido en manga de camisas o de puro verde olivo ayudando a los gobiernos locales o apoyando sus decisiones; el del que se jugó la vida por salvar a otros; el de los campos, el de las montañas, el de los pescadores, el de las ciudades, el de los artistas que dejaron escenarios para actuar y construir alimentando el espíritu, el de los pastores, el de los bomberos, el de los soldados…

Ese es mi pueblo, y yo como la más humilde ciudadana, asombrada de todo como todos, sé que estamos en apuros, más no desesperados porque como dicen los Evangelios: llevamos un tesoro en un vaso de barro y con él podremos seguir andando.

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