Biocombustibles y trangénicos, a match made in heaven.

Pablo Jato

Es este carnaval de intereses creados, siempre nos toca bailar con la más fea. Nos han inculcado bien, biocombustibles1gracias al bombardeo diario de información, el riesgo de seguir usando combustibles fósiles, la necesidad imperiosa de buscar nuevas energías, maneras de seguir haciendo lo mismo que hacemos a diario pero mejorando el medio ambiente, y sale a escena el bio-combustible. Gasolina sacada de plantas, que contamina menos que la del petróleo. Hasta aquí todo parece correcto. Incluso el nombre “bio-combustibles” nos suena a todos como algo limpio y ecológico, una solución… pero ¿lo es?
El hecho de poder “cultivar” combustible supone que a futuro, será mucho más rentable que cualquier alimento conocido. Está pasando ya con los cultivadores de cocaína, que ganan en una cosecha mil veces más que con cualquier otro producto. Es sin duda alguna la semilla de las futuras guerras y conflictos. Nos preocupamos por la crisis de hoy, sin ver que las crisis del mañana ya están preparadas medidas y fabricadas.
El metro cuadrado de tierra será en realidad el bien más cotizado. Los países de la UE ya vaticinan que pondrán en cultivo un 10% de tierras que antes eran de retirada obligatoria, lo que permitirá incrementar la producción. En Italia, la disminución de los cultivos de trigo por los de maíz para fabricar biocarburantes podría suponer el incremento de los precios de la pasta. En México, el incremento del uso del maíz para producir etanol (el favorito de George W. Bush) ha provocado una subida absurda de su precio con los problemas sociales que ya ha generado. Quizá, los expertos, economistas, ecologistas de todo el mundo hayan olvidado un elemento importante en esta ecuación: la avaricia, la codicia humana.
Heikki Mesa (WWF/ADENA) dijo: “no es probable que se pueda sustituir ni el 10% del actual consumo mundial de petróleo con los actuales biocarburantes comestibles simplemente por falta de área agrícola.” Explicó que aumentar la superficie cultivada para atender la creciente demanda conllevaría en los países desarrollados un mayor uso de abonos artificiales, pesticidas, petróleo para tractores… y la deforestación de sus bosques tropicales, por supuesto.
Según la FAO, 500 millones de hectáreas de tierras arables desaparecerán, contando sólo al tercer mundo. ¿Cuál será la realidad de todos estos números que hoy son solo cifras en un papel? La destrucción de los ecosistemas, el aumento de las desigualdades sociales o el alza de los precios de los alimentos básicos serán apenas los primeros síntomas del desastre.
Hoy suenan aún los ecos del Foro del Agua, que solo sirvió para ratificar que el 20% de los seres humanos del planeta siguen sin tener acceso al agua potable. ¿Cuánta agua se va a desviar para regar los nevos campos de bio-combustibles?
Los biocombustibles, derivados de los cereales o los aceites desechados, apenas representan hoy día el 0,5% de los combustibles consumidos por el transporte terrestre. Quizá por eso la Unión Europea pretende incentivar y multiplicar por 10 el consumo actual de biocarburantes (bioetanol y biodiesel) para el 2010, y por 20 para el 2020.
Estados Unidos, basándose en el bioetanol a partir del maíz, se ha propuesto el objetivo del 10% para el 2015. Por su parte, Brasil augura autoabastecer sus necesidades de combustible gracias a estos nuevos “yacimientos renovables” y claro está, al suelo ocupado hoy por la selva del Amazonas.
Un estudio publicado en Science en agosto del año pasado aseguraba que los biocombustibles podría despedir nueve veces más dióxido de carbono (CO2) durante las próximas tres décadas que los combustibles fósiles.
Existe también otro ángulo del asunto del que nadie ha hablado. ¿Cómo impedir que países pobres tengan acceso a esta riqueza? ¿Cómo impedir que sean autosuficientes? Todo parece indicar que ese tema esta resuelto gracias al otro gran invento: semillas transgénicas. Estas semillitas no son capaces de reproducirse, por lo que hay que comprar nuevas tras cada cosecha. En materia alimentaria será sin duda la causa de hambre y mortandad más importante del tercer mundo, sin precedentes. El nuevo nombre del maíz es ya GH 0937 y cada grano tiene un precio. Quizá llegue a ser incluso más barato que la vida un ser humano.
Podrás tener tierra, agua y hasta mano de obra… incluso tecnología… pero sin la semilla adecuada, capaz de resistir a plagas que segura ya están en algún laboratorio esperando salir de la probeta, no podrás competir. El maíz naturalserá devorado por un nuevo gusano “taladro” que destruye el tato de la planta y al cual el transgénico es (qué casualidad) inmune.
¿Y quiénes serán los amos de todo este nuevo imperio? Los que hoy lideran las técnicas de estos dos pilares del futuro: Bio-combustible y transgénicos, una pareja ideal, “a match made in heaven”.

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