Esperando a Godot: el dilema cubano de Obama

Machetera
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En los últimos decenios, uno de los asuntos más dolorosos para un ciudadano de Estados Unidos ha sido vivir en un barco político que se escora constantemente hacia la derecha, incluso mientras se hunde. Justo cuando piensas que no puede ser peor, lo es, y nuestra política exterior, que para empezar nunca ha sido muy buena, se hace terriblemente más agresiva. Esto significa que cualquier corrección de rumbo desde la agresividad beligerante, por pequeño que sea, se recibe como un cambio notable, aunque te deje peor que al principio. Por supuesto, los medios de comunicación tienen mucho que ver con esto, al encuadrar los asuntos para un público en general pobremente educado y por lo tanto ignorante intencionalmente.

Así es como se llega a un cambio en la política exterior como el que anunció el lunes el Obama de la Casa Blanca, que permite a los cubanoestadounidenses con parientes sanguíneos en Cuba viajar allá sin restricciones, un cambio fugaz que se recibió con la locura mediática acostumbrada. Mientras el resto de nosotros que no somos cubanoestadounidenses somos libres de visitar la vilipendiada Pyongyang o Teherán, en cambio La Habana permanece legalmente fuera de nuestro alcance. Las directrices, tal como fueron redactadas por la Oficina de Control de Bienes Extranjeros (OFAC) son muy claras al respecto: es necesario un ancestro cubano común para autorizar un viaje. Y así, ahora mi hijo puede solicitar y recibir un permiso para visitar a su abuela, tías, tíos y primos cubanos, pero yo, su madre, no puedo ir legalmente con él. Esto es bastante problemático, considerando no tiene más que tres años.

No era así antes que Bush Jr. sacara de la cancha la posibilidad de que uno viajara a Cuba. Antes de Bush, a los ciudadanos estadounidenses emparentados con cubanos por matrimonio se les permitía visitar Cuba y, según recuerdo, había pocos límites, si es que había alguno, sobre la frecuencia o duración de esas visitas. Tal vez simplemente no prestábamos atención. Sí recuerdo que incluso podíamos traer habanos cubanos y un poco del excelente ron cubano, y los oficiales de aduana estadounidenses sólo te miraban con envidia. ¡Sin tocar! Pero Bush y sus amigos neandertales de Miami emplearon un mazo contra todo lo que tuviera relación con Cuba, de la forma más odiosa. Las aduanas empezaron a confiscar el codiciado ron y los habanos (siempre reían los últimos), y cuatro libras era el límite máximo legal impuesto para paquetes enviados a Cuba (no importaba que se pudiera embarcar una lavadora a Siria si se quería). Por cierto, ¡más valía que esos paquetes no tuvieran ningún tipo de semillas! O herramientas para hacer jabón. Porque todo mundo sabe que si los cubanos plantan sus propios tomates o fabrican su propio jabón, entonces… ¿entonces qué? Era un total sinsentido cocinado por personas con la razón frágil.

Entonces, ¿por qué es tan difícil volver en el tiempo, aunque sólo sea adonde ya estábamos antes? ¿Por qué Obama camina con tanto cuidado, separando únicamente los detalles más absurdos, como la prohibición contra las semillas y herramientas para fabricar jabón, pero deja intactas todas las restricciones de Bush a las libertades civiles de ciudadanos estadounidenses corrientes? Tengo algunas ideas al respecto, pero obviamente, para comenzar, hay ciertos compromisos entre el régimen de Bush y el de Obama, incluso en los absurdos. ¿Y por qué el apuro brusco de cambiar el aletargado cable de telecomunicaciones submarino entre EEUU y Cuba, después de tantos años de obligar a Cuba a comprar ancho de banda de Internet vía satélite, de forma cara e insuficiente? ¿No tendrá relación con el hecho que Venezuela y Cuba estaban a punto de huir de ese monopolio, a través del cable submarino entre Venezuela y Santiago de Cuba que finalmente estará listo el año que viene? ¿O sí? ¿Puede que los tímidos cambios en la posibilidad de viajar para un sector de la población tengan el propósito de distraer de los esfuerzos más sustantivos de extender los tentáculos de los oligopolios de telecomunicación estadounidenses? ¿O hacer una oferta que Cuba podría rechazar?

Recordemos que hace sólo dos años, Chávez llegó a la razonable conclusión de que los servicios de telecomunicación esenciales son básicos y no deberían permanecer rehenes de un mal servicio y ganancias despiadadas, por lo que nacionalizó la compañía venezolana de telecomunicaciones a un precio que incluso Verizon señaló como justo. Las telecomunicaciones tienen una historia muy susceptible en Cuba y me asombró la sensibilidad del asunto cuando estuve la última vez y observé la placa en la oficina central de telecomunicaciones en La Habana, que nacionalizó el servicio a las puertas de una revolución triunfante, pocos años después del día siguiente a que el corrupto gobierno cubano previo había otorgado a la ITT un monopolio exclusivo. La placa explica el insulto doble de otorgar este monopolio el mismo día que los cubanos que luchaban por la libertad fueron aniquilados en una masacre sangrienta, y enumera cada uno de sus nombres en un memorial permanente. Creo que es improbable que una empresa de telecomunicaciones estadounidenses sea bien recibida de nuevo, y ciertamente no bajo los términos a los que están acostumbradas.

En lo referente a la pregunta más importante, la única que en realidad importa, la del bloqueo estadounidense a Cuba, después del anuncio de Obama, permanecen pocas dudas. No hay ninguna intención de levantarlo, posiblemente por un abanico de razones que no son difíciles de adivinar, y los cambios en la política estadounidense que se anunciaron alegremente esta semana, apenas son un intento de cambiar de tema en vísperas de la Cumbre de las Américas, programada para el próximo fin de semana en Trinidad y Tobago. Comprar tiempo. La nueva acusación contra el terrorista Luis Posada Carriles, anteriormente protegido por el régimen de Bush, es más significativa en comparación, pero aún no un sustituto para un movimiento significativo contra el bloqueo. Y el bloqueo seguirá ahí, flotando en el aire de Puerto España, como un invitado persistente y no grato. Obama puede seguir ignorándolo, puede seguir intentando cambiar de tema, incluso puede tratar de calmar las críticas con sus pruebas concretas de cambio, por insustancial y cínico que sea, pero después de todo este tiempo, Cuba está menos aislada que nunca. América Latina no está de humor para aceptar que se eluda más este asunto. Un cambio en el bloqueo aún puede suceder, poco a poco en el tiempo. Pero a juzgar por la timidez del anuncio hecho esta semana por la Casa Blanca, mejor esperemos sentados.

Traducido del inglés para Rebelión y Tlaxcala por Ulises Juárez Polanco y revisado por Caty R.

Traducido por Ulises Juárez Polanco (www.juarezpolanco.com) y revisado por Caty R. Esta traducción se puede reproducir libremente a condición de respetar su integridad y mencionar al autor, al traductor y la fuente.

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