Los lacayos climáticos.


Mario Luis ALTUZAR SUÁREZ

Fracasó el rescate de la tierra y se condenó la supervivencia de la humanidad. Polarizados en Copenhague los lacayos defendieron los intereses económicos transnacionales frente a los reclamos de los países pobres. Se augura el cumplimiento de la profecía apocalíptica del hambre, desastres naturales y guerras por el agua.

El costo de los desastres naturales por el calentamiento global en América Latina se estimó en 8 mil 600 millones de dólares anuales en los últimos 8 años, por la CEPAL en el estudio “La economía del cambio climático en América Latina y el Caribe. Síntesis 2009”. Y alcanzará al 137 por ciento del Producto Interno Bruto.

Un estudio realizado en 15 países: Argentina, Belice, Bolivia, Chile, Costa Rica, Ecuador, El Salvador, Guatemala, Honduras, México, Nicaragua, Panamá, Paraguay, República Dominicana y Uruguay, por los gobiernos de Alemania, Dinamarca, España y Reino Unido, así como de la Unión Europea, el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), el Mecanismo Mundial de la Convención de las Naciones Unidas de Lucha contra la Desertificación y otras instituciones.

Con base en un estudio de la ONU en 2004, del cien por ciento de emisiones de gases con efecto invernadero, Estados Unidos emite el 24.3%, Unión Europea 15.3%, China 14.5%, Rusia 5.9%, India 5.1%, Japón 5%, Alemania 3.3%, Inglaterra 2.3%, Canadá 2.1%, Corea del Sur 1.8% al igual que Italia y México 1.6%.

La causa detectada es el proceso de producción en donde todo contamina, desde la industria que elude aplicar sistemas anticontaminantes para proteger la atmósfera, hasta el sector agrícola sin el procesamiento de sus desechos que degradan la tierra y los servicios con el sistema urbano que envían los desperdicios a los ríos y estos al mar.

Un modelo liderado por las transnacionales con potencial económico para financiar las campañas políticas e imponer así, a sus representantes en cargos llamados de elección popular. En Copenhague, dijo Ban Kee Moon: “Hay más de 130 dirigentes mundiales reunidos aquí. Si no pueden lograr un acuerdo, ¿quién podrá conseguirlo?”

Nadie. Por ejemplo, la secretaria de Estado estadounidense, Hilary Rodman Clinton acusó a las economías emergentes, los menos contaminantes, de dar marcha atrás sobre la transparencia de sus compromisos para luchar contra el cambio climático. Y reafirmó su política injerencista: Estados Unidos desearía poder verificar, medir y controlar los esfuerzos iniciados por China principalmente contra el cambio climático.

Eludió mencionar el estudio en 2005 de Environmental Integrity Project, una organización ambientalista no lucrativa con sede en Washington, a las 359 plantas eléctricas más grandes de Estados Unidos que concluyó, según el consejero Ilan Levin: “Podríamos decir que la industria eléctrica tiene un sucio secreto”.

Contó Estados Unidos con sus “aliados naturales”, Colombia y México. El presidente mexicano, Felipe Calderón parafraseó a la señora Clinton: los esfuerzos anticontaminantes deben ser asumidos tanto por las naciones desarrolladas como en desarrollo, y puso de ejemplo la campaña transnacional de Luz Verde en México.

Divorciado totalmente el panista moreliano de Latinoamérica: Bolivia exigió liberar de su esclavitud a la Madre Tierra, Brasil pidió a los países desarrollados reducciones de emisiones ambiciosas que corresponda con sus responsabilidades históricas, Ecuador recibió el apoyo a su iniciativa de mantener sin explotar un yacimiento subterráneo de petróleo a cambio de ayuda financiera internacional.

Cumplió el mexicano a la expectativa de su Premio Globe del The Global Legislators Oranization, recibido del Primer Ministro de Inglaterra, Gordon Browm, antes de participar en la XV Cumbre sobre Cambio Climático de la ONU. Y se le vio rozagante al escuchar al presidente de los Estados Unidos, su “amigo” Barack Obama.

.Así, con los intereses lacayunos y serviles a la dictadura de las transnacionales, era natural el fracaso del último intento para rescatar a la Tierra y salvar a la humanidad. Los optimistas dicen que en 10 años el calentamiento global será incontrolable. Los pesimistas estiman que será en 5 años. Y los lacayos también lo resentirán. La naturaleza no entiende de tráfico de influencias políticas o de ricos poderosos.

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