Abandonados por los dioses del Vudú.

Norelys Morales Aguilera. Publicado en Cubahora.cu

Algo así, difícil de creer había impactado en la vida de los haitianos, los más pobres del hemisferio. Los territorios más cercanos vivieron el pavor de una alerta de tsunami para el Caribe.

Pero, el sismo tuvo el epicentro a pocos kilómetros de Puerto Príncipe, zona donde reside la mayoría de sus habitantes. Y, la intensidad del movimiento telúrico que causó devastación, hizo que los cooperantes llegados de Cuba en la tarde de este martes lo compararan con la que algunos de ellos habían presenciado en Paquistán víctima de otro potente desastre.

El polvo y la sangre en sobrevivientes caminando como zombis. Los gritos entre las ruinas de los atrapados. Colapso en los servicios médicos y los principales edificios vinieron a tierra.

Así llegaron las primeras imágenes. El viento, la gente corriendo y un ¡Mi Dios! (en inglés) de hombre viendo caer un edificio alto.

El corresponsal de DPA daba el testimonio de una mujer joven que vio el sismo desde una colina horrorizada: “Es el fin del mundo”.

El viento movía la nube de polvo de los edificios derruidos. La furia telúrica no respetó casa de pobre o de rico, barrios, hoteles de lujo, supermercados, colegios, hospitales ni fábricas. El prestigioso hotel La Montana era una pila de escombros que contabilizaba 200 lesionados.

Miles de personas durmieron en las calles por haber perdido sus viviendas o por temor a otro terremoto, mientras los cuerpos sin vida de las víctimas seguían donde habían caído.

También se desató fuego en numerosos inmuebles.

Las agencias mostraban imágenes de mujeres y hombres con los brazos en alto, como si de veras sintieran que sus dioses les habían abandonado o implorando.

“Las paredes se vinieron abajo en todos lados. Corrí por mi vida. La gente no hacía más que gritar ‘¡Jesús, Jesús!’. Fue completamente irreal. Una locura. Salí de mi cuarto de hotel y la pared se derrumbó directamente al lado mío”, relató el fotógrafo Ivanoh Demers a la revista canadiense cyberpresse.ca.

Durmieron o pernoctaron a la intemperie. Se habla de 15 réplicas del sismo.

Una testigo extranjera describió a la situación como de “apocalipsis”: “Las calles están llenas de gente, sentada o esperando. Muchos están agresivos. Hay muchos muertos. Los pocos hospitales se han quedado sin medicinas”, describió.

Nadie sabe a ciencia cierta cuántos han fallecido.

A 16:15 hora en Haití el presidente haitiano, René Preval, llevaba en las calles de Puerto Príncipe desde las cinco de la mañana “tratando de entender la magnitud” de la catástrofe que ha asolado su país”.

Es “increíble”, señaló en una entrevista concedida a la CNN. “Hay que verlo para creerlo”. “No sé donde voy a dormir esta noche. Pero eso no es un problema”, dijo el máximo mandatario, que habla de 50.000 muertos, aunque insiste lo indeterminado de la cifra.

“Es una catástrofe. Estoy pasando por encima de los cuerpos muertos. Hay mucha gente enterrada debajo de los edificios. El hospital general ha colapsado. Necesitamos ayuda. Necesitamos apoyo. Necesitamos ingenieros”, declaró la primera dama del país, Elisabeth Preval.

Habitantes de Puerto Príncipe, la capital haitiana, continúan buscando sobrevivientes entre las ruinas y amontonando cadáveres cubiertos con sábanas en las calles. La Cruz Roja calculó que tres millones de personas habrían resultado afectadas por la tragedia, mientras esperaba poder ofrecer para mañana jueves cifras preliminares.

La capacidad de los hospitales locales, las organizaciones no gubernamentales y los grupos de caridad ha sido completamente sobrepasada por la magnitud del impacto, provocado por el peor sismo en 200 años.

Vehículos de la Policía haitiana, de Naciones Unidas o de la Cruz Roja intentaban mal que bien trasladar a los heridos, pero las casas destruidas bloquean su circulación.

Pero no es la única dificultad para los socorristas y habitantes: las líneas telefónicas resultaron seriamente afectadas y era muy difícil comunicarse con Haití desde el extranjero.

La mayoría de las estaciones de radio y de televisión seguían sin operar varias horas después del temblor, y las pocas radios que podían emitir lanzaban llamados urgentes, según AFP.

América Latina y numerosos países ofrecieron ayuda durante el primer día posterior al terremoto. Gobernantes de todas las latitudes han transmitido sus condolencias al pueblo y autoridades haitianas.

Solo entre los cooperantes cubanos y soldados argentinos destacados allí por las Naciones Unidas habían atendido a más de 2 000 haitianos, cuando de la Isla llegó un contingente para reforzar a los cooperantes ya integrados a las comunidades locales.

Más de un tercio de la población local ha sido damnificada. Los haitianos tendrán que reconstruir su país, la mitad de la Isla La Española, para que pueda renacer una nación que imágenes y testigos describen como “fantasma”.

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