Las máscaras caen


Enrique Ojito.─ Un dramaturgo que intenta ser “agente de cambio”, formado en la escuela de las “revoluciones de colores”, lidera la convocatoria a una marcha el 15 de noviembre en Cuba, con fines desestabilizadores

¿Qué hacía, en la cuarta versión del taller Diálogos sobre Cuba, Yunior García Aguilera, hoy el rostro visible de la marcha anunciada para el 15 de noviembre, denegada por las autoridades locales debido a la ilegitimidad de sus propósitos? ¿Quiénes convocaron y asistieron a la cita en la capital española? ¿Es tan santo como se pinta este actor y director de teatro, nacido en Holguín?

Caballeroso como el que más, García Aguilera accedió a la invitación para intervenir en el evento que les formulara a él y a otros mercenarios la politóloga Laura Tedesco, vicedecana de Humanidades en la Universidad de Saint Louis (campus Madrid) y directora, junto a Rut Diamint, del proyecto de investigación Tiempo de cambios y el nuevo rol de las fuerzas armadas en Cuba, de la Universidad Torcuato Di Tella (UTDT), de Argentina.

De la comunión ideológica entre ambas académicas, obsesionadas en emitirle el certificado de defunción al proyecto político de la nación antillana, resultaron los artículos “Atrapados en Cuba”, “Gatopardismo en Cuba” y tantos otros, publicados en http://www.openDemocracy.net, web británica financiada por la Fundación Ford y la Open Society Foundations (OSF), uno de los instrumentos protagónicos de la agenda injerencista internacional de Washington. Fundada por el multimillonario George Soros, la OSF ha apostado por las llamadas “revoluciones de colores” para llevar a la sepultura determinados gobiernos, estrategia aplicada en países de Europa del Este, en las denominadas Primaveras Árabes y contra procesos de izquierda en Latinoamérica.

Precisamente, en uno de los textos socializados por el sitio digital, el binomio Tedesco-Diamint inquiría sobre el caso cubano: “¿Piensan los miembros del Partido Comunista y los miembros de las Fuerzas Armadas Revolucionarias que podrán mantener la estabilidad política y la paz social en medio de un estancamiento económico que puede agravarse cuando el régimen venezolano colapse completamente?”.

A rajatabla lo preguntan en el artículo “Cuba ¿final a la deriva?” difundido en mayo del 2019; poco más de cuatro meses después, el taller madrileño, al que también asistió el profesor Richard Youngs, experto del tanque pensante Fondo Carnegie para la Paz Internacional.

Ni crean que Youngs disertó sobre el teatro contemporáneo en Estados Unidos o en el Reino Unido —podría haberle dedicado un tiempito, al menos, al Nobel de Literatura (2005) Harold Pinter—. El también experto del Global Think Tank, radicado en Washington, colocó sobre la mesa de análisis el rol de las Fuerzas Armadas en los países de América Latina y habló sobre el poder transformador del activismo político. Los asistentes conocieron de su prolífica obra y, en particular, de uno de sus libros acerca de la democracia, movimientos cívicos y procesos contrarrevolucionarios en Europa a raíz de las “revoluciones de colores”.

Pero, tamaños “profes” contaron con más de un alumno en aquel curso de formación de “agentes de cambio”. Para quien lo dude, en openDemocracy, Tedesco y Diamint subrayaron: “Miguel Díaz-Canel apuesta por el inmovilismo (…). Y, sin embargo, el cambio será inevitable. No sabemos cuándo, ni cómo, ni quién lo impulsará o lo llevará a cabo”.

No sorprende, entonces, que en la lista de invitados a Madrid aparecieran Manuel Cuesta Morúa, Reinaldo Escobar (esposo de Yoani Sánchez) y Yanelis Núñez Leyva, directora ejecutiva de un proyecto con People In Need, organización checa financiada por el Departamento de Estado para subvertir la Revolución cubana.

Contratado por la Fundación Nacional para la Democracia (NED, por sus siglas en inglés) para impulsar sus proyectos subversivos en la Mayor de las Antillas, y con vínculos con la Agencia Internacional para el Desarrollo (Usaid), Cuesta Morúa integró la relación de mercenarios que usurparon el nombre de Cuba y fueron aceptados para asistir en los Foros Paralelos de la VII Cumbre de las Américas, celebrada en Panamá en abril del 2015.

Cuba demostró que Manuel Cuesta en el 2014 devino instrumento de la NED y del Centro para la Apertura y el Desarrollo de América Latina (Cadal), con sede en Argentina, para realizar un foro y montar un show mediático en el contexto de la II Cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños, desarrollada en enero del 2014 en La Habana.

Ese propio año, el Cadal invitó a tierra bonaerense al periodista Reinaldo Escobar, director editorial de 14ymedio —plataforma digital de la industria mediática anticubana— y asalariado de los fondos federales estadounidenses, a pesar de que no lo confesara en una entrevista con la revista Ñ, del diario Clarín, durante la visita a la nación austral.

Está demostrado que antes de ir a Madrid, Yunior García viajó a Argentina en febrero del 2018 a las sesiones del proyecto investigativo Tiempo de cambios…, auspiciado por la UTDT, a cuyo claustro pertenece Diamint, coordinadora de iniciativas en materia de la defensa, liderazgo político y la democracia, para la Fundación Ford y la OSF.

Según refiere el sitio web de la casa de altos estudios, dicho proyecto —desconocedor de que las FAR y la Revolución cubana son montaña y río de la misma sierra— “busca (e) informa a actores disidentes y críticos, con las fuerzas armadas revolucionarias de Cuba (FAR) de dos maneras diferentes. Por una parte, comunica estrategias a actores relevantes de ese campo disconforme, acerca de la necesidad de conocer el rol de las fuerzas armadas, su papel en el gobierno y su posible papel en un proceso de cambio. Por otra parte, ofrece alternativas para una futura inserción de las FAR en vistas de una apertura política”. ¿Quién niega que esta línea de pensamiento no se aviene a una versión tropical de la Revolución de Colores?

Al taller argentino asistió, además, Cuesta Morúa, de sólidos vínculos con Gabriel Salvia, director general del Cadal, quien solicitó respaldo internacional a la marcha convocada para el 15 de noviembre, no autorizada por Cuba debido a sus fines desestabilizadores y apegada a la cartilla del llamado “golpe suave”, que persiste en la agenda de la Casa Blanca contra la isla.

Aseguran que otra que anda soltando candela por la boca, ante la posición de las autoridades cubanas, es la mentora de Yunior García, la catedrática Tedesco; aunque su discípulo no la ha recriminado por ello y siga aferrado a su discurso de “civismo” y de defensa al supuesto derecho a la manifestación pacífica violentado.

Con ciertos indicios de padecer delirium tremens, la activista política (es más que la eminente doctora en CienciaPolítica por la Universidad de Warwick, Reino Unido) se adelantó en anunciar la caída del monumento de José Martí a la sombra de la alta torre del memorial habanero al escribir, a cuatro manos con Diamint, el artículo “En Cuba, el unicornio azul se perdió, la Revolución también”, a raíz del surgimiento del denominado Movimiento San Isidro (MSI), aupado por la Embajada de Estados Unidos en La Habana, y los sucesos del 27 de noviembre del 2020 (27N), cuando personas con reclamos diversos —incluidas las empecinadas en abortar el proyecto político cubano y creadores dignos— se congregaron frente a la sede del Ministerio de Cultura (Mincult).

Justamente, el nombre de Yunior García cerraba la lista de participantes propuesta por un grupo erigido en voz de todos los reunidos en el Mincult, enviada el 3 de diciembre en un mensaje electrónico, calificado de “insolente” por ese ministerio, con la pretensión de “imponer, de modo unilateral, quiénes, con quién y para qué aceptarán dialogar”.

Luego del fallido MSI, del 27N y de las protestas del 11 de julio —García Aguilera organizó un intento de toma del Instituto Cubano de Radio y Televisión—, el director teatral se ha sumado a Archipiélago, un proyecto subversivo y de genes anexionistas, de cuyo Consejo Deliberativo forma parte, junto con el terrorista, radicado en la Florida, Orlando Gutiérrez-Boronat, quien ha solicitado a voz en cuello una intervención militar en Cuba, liderada por Estados Unidos.

Para no defraudar a sus mentores españoles y argentinos, el dramaturgo encabeza la convocatoria de la provocación del 15 de noviembre, en línea con la instrucción 167 del manual del “golpe suave”, de Gene Sharp: “‘Ataques’ no violentos: invasiones; se comienza con una marcha y se toma posesión pacífica de un lugar o un inmueble”.

En fin, este es el “Mesías” que nos convida a arrepentirnos, que nos convida a tanta mierda —como advertiría el poeta— y así darnos un rinconcito en sus altares.

La infamia de los buenos

Lo que no le perdonamos a la Cuba revolucionaria es que ha sido atacada ferozmente desde el principio; lo que le reprochamos es que ha tenido y tiene que defenderse sin descanso.

Por Santiago Alba Rico, reseña de “Doble moral. Cuba, la Unión Europea y los derechos humanos”, de Salim Lamrani, Editorial Hiru, Hondarribia 2008.

Desde 1959, en efecto, Cuba se ha defendido de invasiones, bloqueos, atentados terroristas e injerencias desestabilizadoras; y se ha defendido también de una propaganda musculosa, tan agresiva como insistente, cuya potencia gritona ilumina sin margen de duda la gran ignominia de la pequeña isla.

Un país tan atacado tiene por fuerza que ser malo; un país tan defendido sólo puede ser indefendible. De un país tan atacado y tan defendido ya ni siquiera podemos saber por qué se le ataca ni qué es lo que defiende.

Podemos juzgar, en todo caso, la ilegitimidad de esta defensa por la legitimidad de la ofensiva. Podemos juzgar la bajeza de los defensores por la grandeza de los atacantes.

¿Quién ataca a Cuba? Gobiernos muy poderosos que hablan en nombre de la democracia y los derechos humanos; gobiernos muy poderosos que hablan en nombre de la democracia y los derechos humanos e invaden o apoyan la invasión de naciones soberanas; gobiernos que hablan en nombre de la democracia y los derechos humanos y acortan -o cortan- vidas para salvar bancos y empresas de petróleo; gobiernos que hablan en nombre de la democracia y los derechos humanos y deciden o consienten los secuestros de la CIA, los campos de tortura, las cárceles secretas, el control de los teléfonos y las comunicaciones, la suspensión del habeas corpus, el racismo exterminador de las leyes migratorias y un buen puñado de dictaduras colaboracionistas.
Gobiernos muy poderosos que hablan públicamente de democracia y derechos humanos y zancadillean públicamente la democracia y los derechos humanos, y que hacen una cosa y la otra no porque sean hipócritas o taimados, no, sino porque saben que tan útil es violarlos como invocarlos.

¿Por qué pueden hablar públicamente de democracia y derechos humanos? Precisamente porque pueden zancadillearlos y violarlos públicamente sin demasiada oposición.

¿Por qué creemos en lo que dicen y no en lo que hacen? Porque sus medios para hacerse oír son tan poderosos como sus medios para atropellar, matar y destruir. Cuba no podrá tener nunca razón frente a una irracionalidad tan irresistible; Cuba no podrá ser nunca buena frente a una injusticia tan criminal.

Salim Lamrani, profesor y periodista especialista en Cuba, colaborador habitual de Rebelión, ha entendido muy bien que parte de la estrategia de derribo de la revolución cubana pasa por obligarla a defenderse ininterrumpidamente, de manera que todos sus principios suenen retóricos, sus verdades huecas, sus cifras hinchadas, sus logros dudosos.

Frente a esta autolegitimación del atacante -basada en su propia capacidad para atacar-, a cuya luz queda deslegitimada toda defensa, se trata menos de insistir en la legitimidad de la revolución que de cuestionar radicalmente la legitimidad de sus detractores.
Eso es lo que hace Salim Lamrani en “Doble moral. Cuba, la Unión Europea y los derechos humanos”. Con eficacísima calma, sin retórica, acudiendo siempre a informes oficiales fuera de toda sospecha, se atreve a plantar cara a los gobiernos europeos más beligerantes contra Cuba en su propio terreno, allí donde se creen más inatacables o desde donde pretenden impartir doctrina al resto del mundo.

Abordando la cuestión más difícil, la más sensible y también la más manipulada, el breve y contundente libro de Lamrani acumula tantas acusaciones contra la UE (y contra, claro, los EEUU) que a los ojos del lector se impone naturalmente todo aquello que la propaganda nos escamotea mediante artificios y violencias simbólicas; es decir, las verdaderas razones de la ofensiva anticubana e, inseparable de éstas, la superioridad positiva y manifiesta de Cuba -y no sólo por comparación- en la defensa de los derechos humanos.

Pero las comparaciones son, sí, edificantes y no quiero resistirme a citar un pasaje del libro de Lamrani que, precisamente bajo ese título (“una comparación edificante”), expresa muy bien tanto la ilegitimidad moral y democrática de la UE como el talento del autor para ordenar las verdades de manera que puedan verse. Para una reseña, la cita es larga; para un sumario judicial, es demasiado corta:

“Al contrario de lo que ocurre en los países de la Unión Europea, Amnistía internacional no ha mencionado en Cuba:
• Ni un solo caso de asesinato político como en el Reino Unido.
• Ni un solo caso de tortura o trato inhumano como en Bélgica, Chipre, Estonia, Francia, Grecia, Italia, Letonia, Malta, República Checa y el Reino Unido.
• Ni un solo caso de uso de pruebas conseguidas bajo tortura como en Alemania y Chipre.
• Ni un solo caso de desaparición como en Estonia.
• Ni un solo caso de violación del derecho a la vida como en Suecia.
• Ni un solo caso de secuestros de personas por las autoridades como en Italia.
• Ni un solo caso de impunidad tras un crimen cometido por agentes del Estado como en Austria, España, Francia, Grecia, Irlanda, Italia, Portugal, República Checa y el Reino Unido.
• Ni un solo caso de tráfico de seres humanos como en Grecia y Lituania.
• Ni un solo caso de violencia contra los menores por parte de agentes del Estado como en España, Estonia, República Checa y Eslovaquia.
• Ni un solo caso de violencia sistemática contra las mujeres como en la mayoría de los países europeos.
• Ni un solo caso de violencia contra las minorías como en Alemania, Estonia, Francia, Grecia, República Checa, Reino Unido y Eslovaquia.
• Ni un solo caso de racismo o discriminación como en la mayoría de los países europeos.
• Ni un solo caso de niños privados de acceso a la educación a causa de su origen étnico como en Grecia, Hungría, República Checa, Eslovaquia, Letonia y Eslovenia.
• Ni un solo caso de niños internados a causa de su origen étnico como en la República Checa y Eslovaquia.
• Ni un solo caso de esterilización forzada de mujeres procedentes de minorías como en la República Checa y Eslovaquia.
• Ni un solo caso de ciudadanos que perdieron su nacionalidad como en Grecia y Eslovenia.
• Ni un solo caso de uso de camas-jaulas para encerrar a los enfermos mentales como en la República Checa.
• Ni un solo caso de represión de manifestantes como en Chipre y Malta.
• Ni un solo caso de familias expulsadas de sus viviendas como en Hungría.
• Ni un solo caso de violencia contra minusválidos como en la República Checa.
• Ni un solo caso de menores encarcelados como en España, Estonia e Irlanda.
• Ni un solo caso de enfermos mentales encarcelados como en Austria, Irlanda e Italia.
• Ni un solo caso de suicidios en prisión como en Italia.
• Ni un solo caso de automutilación en prisión como en Italia.
• Ni un solo caso de falta de atención médica como en Estonia, Italia y el Reino Unido.
• Ni un solo caso de violencia policial como en casi todos los países europeos.
• Ni un solo caso de despido abusivo como en Austria.
• Ni un solo caso de venta de armas a países que violan los derechos humanos como en Austria.
• Ni un solo caso de suspensión de las garantías constitucionales como en Francia.
• Ni un solo caso de incitación al odio racial y a la discriminación por las autoridades como en Hungría y Letonia.
• Ni un solo caso de expulsión de demandantes de asilo como en Alemania, Austria, Bélgica, Chipre, Francia y Grecia”.

Con muy buen sentido, Salim Lamrani blande contra la UE una fuente que ella misma reconoce y utiliza, pero sin duda el número de violaciones de los DDHH que se cometen en países europeos y no se cometen en Cuba aumentaría de forma notable si aceptásemos denuncias de organismos menos oficialmente “independientes”.

A los defensores de los derechos humanos nos queda claro, en todo caso, no ya que la propaganda occidental contra Cuba carece de fundamento sino que literalmente invierte (con arreglo a una consciente e interesada proyección freudiana) el reparto de papeles: la verdad es que mientras el gobierno de la isla caribeña orienta toda su política hacia la protección de los derechos humanos, los gobiernos europeos (a remolque del de los EEUU) dejan cada vez más claro que los tiempos -si se quiere proteger el capitalismo- no están para andarse con escrúpulos jurídicos ni remilgos humanistas.

Para eso ha servido y sigue sirviendo también la propaganda contra Cuba; si ayuda a derribarla, bien; si no, al menos se logra camuflar un poco la infamia creciente de quienes la atacan.

Después de leer el libro de Salim Lamrani, mucho más que las bobadas que se cuentan sobre Cuba, me preocupan las atrocidades que cometen los que las cuentan; y mucho más que la ingenuidad con que nos creemos las patrañas que nuestros periodistas y nuestros gobiernos nos cuentan sobre Cuba, me preocupa la ingenuidad con que nos tragamos lo que nos cuentan sobre sí mismos.

Después de leer el libro de Salim Lamrani, me inquieta sobre todo el horror de todo lo que los anticubanos de la UE están haciéndonos a los europeos; y el silencio de los que lo soportamos sin una queja.

También sobre esto los cubanos tienen mucho que enseñarnos: porque al menos ellos se defienden.