Guatemala: Congreso retira inmunidad a presidente Pérez Molina

guatemala-perez.jpg_1718483346.jpg_1733209419El Congreso de la República retiró hoy la inmunidad al presidente guatemalteco, Otto Pérez Molina, mientras decenas de manifestantes celebraron dentro y fuera del edificio esa decisión inédita en la historia del país centroamericano.

Con 132 votos a favor, cero en contra y 26 ausentes el Parlamento despojó de la exención al mandatario, señalado por la Comisión Internacional contra la Impunidad en Guatemala (Cicig) y el Ministerio Público (MP) de dirigir La Línea, red dedicada al desvío de millones de dólares, informó PL.

La votación fue después que se leyeron los puntos de la agenda del martes, incluido el informe sobre el antejuicio contra Pérez Molina tramitado por una comisión pesquisidora de cinco diputados, la cual concluyó que existen indicios suficientes para investigarlo. Sigue leyendo

Guatemala: anuncian tres días de protestas contra elecciones “ilegítimas y fraudulentas”

guatemalacorrupcionafp2El domingo 6 de septiembre de 2015 habrá elecciones generales en Guatemala en las que se elegirán presidente y vicepresidente, 158 miembros del Congreso, 20 diputados del Parlamento Centroamericano, como así también alcaldes en 338 municipios. Los comicios están marcados por un grave caso de corrupción por contrabando a gran escala -conocido como “La Línea”- que provocó la renuncia de varios ministros del gabinete y de la vicepresidenta, y en el cual también está involucrado el actual presidente Otto Pérez Molina.

Anuncian tres días contra “elecciones ilegítimas, ilegales y fraudulentas”
Asamblea Social y Popular dice que paralizará el país los días 25, 26 y 27 para exigir la renuncia presidencial, suspender las votaciones o llamar al voto nulo/en blanco, convocar a Constituyente y repudiar corrupción e impunidad. Sigue leyendo

Toda Europa protesta

La “Jornada Europea de Acción y Solidaridad”, convocada por la Confederación Europea de Sindicatos (CES), comenzó hoy en 23 países del bloque, en demanda por más empleo y contra la austeridad, exigiendo a los dirigentes “que demuestren su voluntad de solucionar el deterioro del empleo y respondan a la creciente angustia social de la ciudadanía”.

Las movilizaciones se iniciaron ya en España, Grecia, Portugal e Italia, con concentraciones y otras acciones de protesta en Bélgica, Alemania, Francia y algunos países del este europeo.

Como consecuencia de las movilizaciones decenas de aerolíneas en Europa cancelaron hoy vuelos, en tanto que otras reprogramaron viajes. Los países más afectados por cancelaciones de vuelos son España y Portugal. Por su parte, la portavoz de la CES en Gran Bretaña, Judith Kirton-Darling, declaró a la BBC que las recetas de austeridad de muchos países europeos “no están funcionando”.

“Estas políticas están incrementando las desigualdades, aumentan la inestabilidad social en las poblaciones y no están resolviendo la crisis económica”, subrayó la vocera gremialista.

Al menos 40 grupos y organizaciones de 23 países participan hoy de la movilización europea.

En España y Portugal, los sindicatos iniciaron una huelga desde la medianoche en protesta contra las medidas de ajuste que llevaron al aumento de impuestos, recorte de salarios, jubilaciones, subsidios y servicios públicos.

Anoche se registraron marchas y movilizaciones en España, donde el 25% de la población está desempleada, el mayor índice de la UE. En Madrid la Policía confirmó incidentes entre manifestantes y agentes en un garaje de autobuses, cuando varias personas intentaron detener la salida de buses.

También se registraron incidentes en otras ciudades españolas, en tanto que el Ministerio del Interior confirmó la detención de varios manifestantes por desorden público.

En Portugal, cientos de trabajadores salieron esta mañana a las calles de Lisboa, con pancartas que denunciaban a la Unión Europea, al Fondo Monetario Internacional y al Banco Central Europeo, por lo que consideran es una “catástrofe para la sociedad”.

La medida de fuerza paralizó virtualmente el transporte público en la capital portuguesa, como también llevó al cierre de escuelas y oficinas públicas.

En Italia, los trabajadores del transporte se sumaron a una huelga nacional de 4 horas, aunque el sector de la aviación dijo que no se esperan interrupciones al servicio de vuelos en el país.

En Grecia, uno de los países más afectados por la crisis en Europa, también comenzaron las movilizaciones, que son las terceras en los últimos dos meses.

La Policía de Atenas informó que espera al menos 10.000 personas en la marcha de hoy.

En Francia, la Confederación General del Trabajo convocó a una huelga para todos los empleados estatales, aunque aclaró que no será contra el gobierno de François Hollande, sino en solidaridad con el resto de Europa.

Para hoy se esperan marchas en Bruselas fuera de las embajadas de Alemania, España, Grecia, Chipre, Portugal y la República de Irlanda.

“A fuerza de sembrar austeridad, se recoge recesión, aumento de la pobreza y angustia social. Se deben tomar soluciones de manera urgente para relanzar la economía y no asfixiar con la austeridad. Los dirigentes europeos se equivocan cuando no escuchan la cólera de los que se manifiestan en las calles”, declaró la secretaria general de la CES, Bernadette Segol. “La urgencia es el empleo, la justicia social, y fiscal y dejar de atacar los salarios, la protección social y los servicios públicos. La CES pide un Contrato Social para Europa con un verdadero diálogo social, una política económica que favorezca los empleos de calidad y una solidaridad económica entre países europeos. Hay que cambiar de rumbo sin demora”, agregó. |ANSA

El Nobel de la paz lo pudieron conceder a la URSS

La concesión del premio no salvará a Europa del dolor, de los recortes ni de los disturbios. Así lo cree el inversionista y escritor Jim Rogers, que opina que la UE merece el Nobel tanto como lo habría merecido la URSS.

De la misma forma que otorgó el premio a la Unión Europea, el Comité Nobel se lo podría haber concedido a la URSS, una agrupación de pueblos que dejó de existir pacíficamente sin atacar a nadie, dice el analista.

Europa participa en misiones bélicas en el exterior y ”gasta en ellas el dinero que le falta”, sostiene. Está bombardeando Libia, Siria, Afganistán e Irak, y hacía lo mismo en Yugoslavia hace unos años, recuerda Rogers.

El hecho de que se registren cada vez más protestas en la calle que acaban siendo disueltas de forma violenta, demuestra -según Rogers- por qué la UE no es el mejor embajador de la paz y la armonía en el mundo. “El próximo mes o la próxima semana la gente acudirá a las protestas callejeras en algunas partes de Europa -advierte- y nadie lo relacionará con la concesión del Premio de la Paz”.

Hasta el momento -destaca el inversionista-, ninguno de los líderes nacionales se ha dado cuenta de esta contradicción, con la excepción del presidente checo, Vaclav Klaus, que calificó el galardón de “broma pesada”.

El monto de dinero asociado al premio es de un millón de euros: una suma considerable para una persona, piensa el analista, Según él, incluso en el caso de que dicha suma sea invertida de forma razonable, será ‘tragada’ en un instante por los cientos de miles de europeos que durante años han estado protestando furiosamente contra la actuación de sus gobiernos. Y estos gobiernos, que son parte de la UE, aplican los ásperos recortes e imponen unas condiciones de vida cada vez más duras, recalca.|actualidad.rt.com

Los terrícolas frustrados.

Darío L. Machado Rodríguez.

Vivimos en el planeta Tierra. Para todos sin excepción sale el sol todos los días, nos servimos del oxígeno que almacena la única atmósfera de la que disponemos y sufrimos, todos, la sostenida elevación de la temperatura global. La biosfera está en peligro y con ella todos los seres vivos, incluyéndonos, como recordara Fidel en la Conferencia de Río de Janeiro, a los seres humanos. Hoy más que nunca la humanidad necesita sensatez, buen juicio y, sobre todo, solidaridad. Sin esos ingredientes no tendremos oportunidad de salir de esta peligrosa encrucijada.

Las previsiones de los científicos estipulan que, de seguir como vamos, la temperatura media de la superficie del planeta habrá aumentado entre 1,4 y 5,8° C antes que termine el presente siglo. Los polos se derretirán, los océanos y mares aumentarán su caudal, las pequeñas islas y las grandes ciudades construidas en las costas y a la vera de los ríos estarán seriamente amenazadas de desaparecer, morirán numerosas especies vivas, los huracanes serán aún más intensos y fuertes, las inundaciones alternarán con las sequías, la radiación solar será más intensa y peligrosa para la salud humana, la lluvia ácida afectará gravemente los suelos. Es difícil imaginar el Apocalipsis en ciernes.

Aunque el término ecología (del griego “oikos”: casa y “logos”: estudio o tratado) lo propuso el científico Ernst Haeckel en 1869, cuando no se vislumbraba el enorme peligro que el desarrollo industrial capitalista traería aparejado y durante décadas era sobre todo asunto de científicos ocupados en conocer las relaciones de los seres vivos con el medio ambiente, fue recién a partir de mediados del siglo pasado que el término cobró mayor connotación y conocimiento popular en la medida en que los estragos del metabolismo económico del capitalismo se hicieron más evidentes en la naturaleza y en el propio ser humano.

Pero la velocidad de incremento de la conciencia del desastre inminente y la disposición a enfrentarlo es dispareja. Parece pura esquizofrenia, incapacidad de explicarnos lo que nos está sucediendo, por más que la conocida parábola de la catástrofe aérea en la que perecen todos, los que viajan en clase turística, los que viajan en primera y los que conducen el avión, es sencilla y harto comprensible.

Sin embargo, hay explicación. Y ella se encuentra en el propio sistema capitalista mundial, en el individualismo y egoísmo propios del liberalismo y del neoliberalismo, una realidad diametralmente opuesta a la solidaridad imprescindible para enfrentar con alguna posibilidad de éxito tan complejo problema, quizá el más difícil de todos los dilemas de la historia.

A Copenhague había que ir, pero no todos los que se reunieron en esa Cumbre fueron a ella con igual disposición de poner primero los intereses estratégicos de la especie humana y ser consecuentes con ello, lo que incluye renunciar al consumismo, al despilfarro irresponsable de los recursos no renovables, a la carrera armamentista, al hegemonismo y a la guerra, y adoptar una actitud amigable hacia la naturaleza y hacia todos los seres humanos. Es que la humanidad sufre una crisis de representación.

Cabe entonces hacernos algunas preguntas, tenemos derecho a ello como terrícolas. ¿Quiénes asisten a esas cumbres? Una respuesta rápida sería: los representantes de los gobiernos electos, el poder político de las naciones. Pero cuál es la relación de esos políticos con el poder económico, ese que siempre está ahí y que no se somete nunca a la prueba de las urnas. ¿Cuáles son las voces que realmente hablan en esos encuentros? ¿A cuáles intereses defienden? ¿A quiénes representan verdaderamente?

La propuesta del Presidente de Bolivia, Evo Morales, es tan elemental como sabía: ahí no habría acuerdo.

Repasemos la historia reciente. En Río de Janeiro se convocó la ya mencionada Conferencia sobre Medio Ambiente; luego pasaron 5 largos años antes de que se produjera en Kyoto la Tercera Conferencia de las Partes de la Convención sobre Cambio Climático y se firmara el protocolo que los Estados Unidos no ratificaron y más tarde abandonaron siendo presidente el perturbado George W. Bush. El Protocolo de Kyoto iniciaba el compromiso de disminuir las emisiones de gases con efecto invernadero, algo que debería lograrse en 2012, o sea, apenas ya dentro de 3 años. La realidad es que la emisión de CO2 como resultado de quemar carbón, petróleo y gas aumentó más de un 40% y que esta Cumbre de Copenhague tiene lugar 12 años después de firmado el ya lánguido Protocolo de Kyoto.

Consecuentes con su empobrecida ideología, el gobierno norteamericano ofreció en Copenhague un puñado de dólares devaluados y en lo adelante quizá más devaluados aún, para contrarrestar los efectos del cambio climático en los países subdesarrollados, o sea, prometió paliar los efectos sin eliminar las causas, papeles por salud y vida, un ofrecimiento mercantil vulgar, un pago irrisorio por daños y perjuicios. Ya lo expresó con claridad y profundidad en la Cumbre de Copenhague el presidente venezolano Hugo Chávez: “El capitalismo está amenazando con acabar con la vida. Si el clima fuera un banco ya lo habrían salvado” sentenció.

Las soluciones tienen que venir de la mano de otra lógica, de otro modo de apreciar la vida, de otro concepto de bienestar y de felicidad. No habrá solución posible al gravísimo problema del cambio del clima si no logramos primero un clima de cambio, que implica, de últimas, un modo de vida diferente, un concepto de calidad de vida distinto al impuesto por el capitalismo tardío.

Sobrada razón tiene Evo Morales cuando reconoce y denuncia las diferencias entre los presidentes presentes en la Cumbre. Cuando propone un camino democrático para enfrentar el problema: un referendo mundial vinculante, está en esencia planteando cinco acciones que solo podrán realizarse si se anteponen los derechos de la humanidad al egoísmo y la ambición: restablecer el equilibrio ecológico, eliminar el consumismo y el despilfarro, reducir las emisiones de gas invernadero, convertir el presupuesto de la guerra en un presupuesto para la defensa del medio ambiente y constituir un tribunal de justicia climática para juzgar a quienes atenten contra la naturaleza.

Lo que ha ocurrido puertas adentro de la Cumbre nada tiene en común con la democracia: obstáculos, acuerdos a puertas cerradas, propuestas mediocres, engaños y demagogia. Los terrícolas estamos frustrados con la Cumbre, pero con mayor conciencia para comprender las verdaderas causas del problema y actuar en consecuencia. Tampoco lo ocurrido puertas afuera donde fueron brutalmente reprimidos los activistas ecológicos que allí reclamaban lo que finalmente no se logró.

Hay que luchar. El desarrollo sostenible es un deber elemental de cada país, de cada región, de cada localidad. Hay que poner a la ciencia y a la tecnología al servicio de ese desarrollo y no levantarles un altar esperando que resuelvan los problemas del capitalismo para que todo siga con la misma lógica perversa. Y hay que actuar con justicia y no descargar, una vez más, las peores consecuencias sobre los países pobres y en vías de desarrollo.

Cuba es el único país del mundo que cumple con los requisitos de un desarrollo sostenible, según el informe del Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF por sus siglas en inglés) de finales de 2006. Las dos variables que se emplearon para el estudio fueron: el IDH (Índice de Desarrollo Humano de la ONU) y lo que denominaron “huella ecológica” que se refiere a la energía y los recursos por persona que se consumen en cada país. Los resultados de Cuba cubrieron los criterios mínimos para afirmar que el desarrollo es sostenible.

Entrevistado entonces por la agencia EFE, Jonathan Loh, uno de los autores del informe dijo: “No significa, por supuesto, que Cuba sea un país perfecto, pero sí que es el que cumple las condiciones” y añadió “Cuba alcanza un buen nivel de desarrollo según la ONU gracias a su alto nivel de alfabetización y una esperanza de vida bastante alta, mientras que su ‘huella ecológica’ no es grande al ser un país con bajo consumo de energía”.

Efectivamente, la sociedad cubana como promedio está por debajo de los niveles de consumo que necesita, en primer lugar por el feroz bloqueo económico de los EEUU, precisamente la potencia que más gases de efecto invernadero emite a la atmósfera, pero en el fondo subyace un criterio de bienestar y calidad de vida diametralmente opuesto al del capitalismo que pone el énfasis en el ser humano, la justicia, la equidad y la inclusión.

El nuevo informe de WWF en 2008 no destaca el que más países se hayan sumado al desarrollo sostenible. James Leape, director general de WWF en su análisis expresa que: “El mundo está preocupado por las consecuencias de haber sobrevalorado sus recursos financieros. Sin embargo, lo que realmente amenaza a la sociedad es la crisis del crédito ecológico causada por infravalorar el capital ambiental, base de la supervivencia y la prosperidad.”

El informe revela que más del 75% de la población mundial vive en países en los que el consumo nacional está por encima de su propia capacidad biológica, lo que los convierte en “deudores ecológicos” del planeta. Leape añade en el texto que “Muchos de nosotros estamos manteniendo un estilo de vida y crecimiento económico gracias al uso y extracción del capital ecológico de otras zonas del planeta”.

Tal es la magnitud del problema que de seguir como vamos, dentro de apenas 20 años harán falta dos planetas Tierra para mantener los niveles de crecimiento que satisfagan el estilo de vida prevaleciente, que es el que ha conformado el capitalismo como modelo de bienestar.

Sólo cuando se cobre suficiente conciencia del lujo obsceno en el que viven las sociedades y los sectores opulentos y derrochadores y se abra paso en el mundo la verdadera democracia, la del pan, el trabajo, la salud, la educación, la cultura, la solidaridad, la hermandad entre los seres humanos, podremos comenzar a hacer lo que hace rato debimos haber hecho. Pero no será un camino fácil. Es además, un problema demasiado importante para dejarlo en manos irresponsables y egoístas.

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Lo que está en juego en Copenhague.

Leonardo Boff.

En Copenhague, los 192 representantes de los pueblos se enfrentan a algo irreversible: la Tierra ya se ha calentado, en exceso, por causa de nuestro estilo de producir, de consumir y de tratar la naturaleza. Sólo nos cabe adaptarnos a los cambios y mitigar sus efectos perversos.

Lo normal sería que la humanidad se preguntase como un médico pregunta a su paciente: ¿por qué hemos llegado a esta situación? Importa considerar los síntomas e identificar la causa. Sería un error tratar los síntomas dejando sin tratar la causa, que seguiría amenazando la salud del paciente. Es exactamente lo que parece estar ocurriendo en Copenhague. Se buscan medios para tratar los síntomas pero no se va a la causa fundamental. El cambio climático con eventos extremos es un síntoma producido por gases de efecto invernadero que tienen la huella digital humana. Las soluciones sugeridas son: disminuir los porcentajes de gases, más altos para los países industrializados y más bajos para aquellos en desarrollo; crear fondos financieros para socorrer a los países pobres y transferir tecnologías para los atrasados. Todo esto en el marco de incontables discusiones que dificultan los consensos mínimos.

Estas medidas atacan solamente los síntomas. Hay que ir más al fondo, a las causas que producen tales gases perjudiciales para la salud de todos los vivientes y de la propia Tierra. Copenhague sería la ocasión de echarle valor y hacer un balance de nuestras prácticas en relación con la naturaleza, reconocer con humildad nuestra responsabilidad y con sabiduría recetar el remedio adecuado. Pero no es esto lo que está previsto. La estrategia dominante es como recetar aspirina a quien tiene una grave enfermedad cardiaca en vez de hacerle un trasplante.

Tiene razón la Carta de la Tierra cuando reza: ”Como nunca antes en la historia, el destino común nos convoca a buscar un nuevo comienzo… Esto requiere un cambio en la mente y el corazón”. Es exactamente esto: no bastan los remiendos, necesitamos recomenzar, es decir, encontrar una forma diferente de habitar la Tierra, de producir y de consumir con una mente cooperativa y un corazón compasivo.

De entrada urge reconocer que el problema no es sí la Tierra sino nuestra relación con la Tierra. Ella ha vivido más de cuatro mil millones de años sin nosotros y puede continuar tranquilamente sin nosotros. Nosotros no podemos vivir sin la Tierra, sin sus recursos y servicios. Tenemos que cambiar. La alternativa al cambio es aceptar el riesgo de nuestra propia destrucción y de una terrible extinción de la biodiversidad.

¿Cuál es la causa? El sueño de buscar la felicidad a través de la acumulación material y del progreso sin fin, usando para eso la ciencia y la técnica con las cuales se puede explotar de forma ilimitada todos los recursos de la Tierra. Esa felicidad es buscada individualmente, entrando en competición unos con otros, favoreciendo así el egoísmo, la ambición y la falta de solidaridad.

En esta competición, los débiles son víctimas de aquello que Darwin llama selección natural. Sólo los que mejor se adaptan, merecen sobrevivir, los demás son, naturalmente, seleccionados y condenados a desaparecer. Durante siglos predominó este sueño ilusorio, haciendo pocos ricos por un lado y muchos pobres por el otro, a costa de una espantosa devastación de la naturaleza.

Raramente se plantea la pregunta: ¿puede una Tierra finita soportar un proyecto infinito? La respuesta nos viene siendo dada por la propia Tierra. Ella sola no consigue reponer lo que se le ha extraído. Perdió su equilibrio interno por causa del caos que hemos creado en su base físico-química y por la contaminación atmosférica que la hizo cambiar de estado. De continuar por este camino comprometeremos nuestro futuro.

¿Qué podríamos esperar de Copenhague? Apenas esta sencilla confesión: así como estamos no podemos continuar. Y un propósito simple: Vamos a cambiar de rumbo. En vez de la competición, la cooperación. En vez de progreso sin fin, armonía con los ritmos de la Tierra. En lugar del individualismo, la solidaridad generacional. ¿Utopía? Si, pero una utopía necesaria para garantizar un porvenir.


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